lunes, 19 de marzo de 2012

Mito De Orfeo Y Eurídice.



             
Eagro, rey de Tracia, al no ser satisfecho por las mujeres de los hombres, se enamora de la musa Caliope, mejor dicho, se enamoraron. Del amor nació Orfeo.
Caliope tenía el don divino de poder cantar y le enseña a Orfeo. Tan hermosos son los cantos del niño que hasta el propio Apolo, encantado, le regala una lira. Orfeo, al tocar la lira con tanta dulzura, hace llorar las piedras.
Una vez ha crecido Orfeo, aparece Jason y anuncia el intento de traer de vuelta el Vellocino de Oro. Orfeo se une a la expedición de los Argonautas hacia Cólquide. Con su música vence las muchas dificultades que se presentan en el camino. Orfeo desea retornar a Tracia, pues está enamorado de la tierna y bella Eurídice. Una vez regresa, se casan. Poco después a Eurídice se encontró con Aristeo, quien trata de violarla; ella pisa una serpiente, muere a causa de la mordedura.
Orfeo, inconsolable, toma la lira y se enrumba a la morada de los espíritus de la muerte, el Tártaro, con la esperanza de traer de vuelta a Eurídice. Utiliza el pasaje que se abre en el Averno; toca la lira y encanta al perro Cerbero, a Caronte, el barquero y a los tres Jueces de los muertos: Minos, Eaco y Radamantis. Una vez llega a la morada de Hades, el señor del inframundo, con la intercesión de Perséfone, lo deja estar. Orfeo jura que, si no consigue volver a la tierra con Eurídice, permanecerá en el mundo de los muertos para siempre. El corazón de Hades se ablanda con los cantos de Orfeo; le pide que marche hacia el mundo de la vida, Eurídice ha de seguirlo, pero, a condición de no regresar la mirada hacia la mujer, so pena de perderla. Orfeo, durante el ascenso a la vida, guía a la mujer con sus cantos. Justo, cuando estaban por llegar al mundo de la luz, Orfeo gira la mirada para buscarla en la espesa niebla. Hermes, que los ha seguido para que todo se cumpla, invisible, tira de Eurídice y la devuelve al mundo de los muertos.
Orfeo, en el mundo de la vida, ya  no soporta mirar a otra mujer. Las mujeres gustan de él y lo buscan, lo acosan, él las rechaza, lo que provoca indignación en ellas. Orfeo no ha perdido su deseo sexual, sólo que ahora lo enfoca hacia los hombres. Uno de sus amantes es el joven Calais, hijo de Boreo, el viento del norte.
El amor por Calais tiene un final abrupto. En primavera, durante las dionisíacas, las mujeres de Tracia, que asumen el papel de Ménades, muchachas de Dionisio, el dios del vino, de la pasión y el abandono, en un rapto de rabia por sentirse rechazadas, atacan a Orfeo, lo descuartizan y echan sus restos al río Hebros. Su cabeza y su lira flotan hasta llegar a las playas de la isla Lesbos, donde una gran serpiente se precipita sobre él, pero es convertida en piedra por Apolo. Las Musas, llorando, recogen sus miembros y lo entierran en Liebetra, al pie del Monte Olimpo, en una gruta sagrada; allí ejerce de profeta.
Plutarco habla de que las Ménades, que lo asesinaron, fueron castigadas por sus maridos, marcándolas con tatuajes en brazos y piernas. Otros dicen que los dioses, furiosos, quisieron matarlas, pero Dionisio las defiende, a cambio las castiga atándolas al suelo con raíces, posteriormente se convierten en robles.   

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