lunes, 19 de marzo de 2012

El reino de las sombras: Hades


Zeus, después de haber abatido a Tifón reparte a suerte el dominio sobre las tres zonas cósmicas. El Océano queda para Poseidón, el mundo subterráneo es entregado a Hades y Zeus se queda con el cielo. La tierra y el Olimpo quedan como posesión común (Ilíada, XV). En alguna parte del reino de las sombras tiene Hades su palacio, al que nadie vivo, salvo el dios, más tarde su esposa y luego Heracles, tiene acceso. Hades es un dios barbado y tenebroso, pero justo; no es la muerte, sino el rey de los muertos. Sus funciones le tienen tan ocupado que rara vez sale de su territorio para ir a Olimpo.
Ahora bien, el pensamiento mítico griego expone cómo sobre los hombres actúan de forma parecida, aunque con efectos completamente distintos, dos hermanos: Hipno (el Sueño) y Tánato (la Muerte). Cuando este último vence, su víctima es trasladada al mundo subterráneo, situado en el extremo Occidente y separado del mundo de los vivos por las aguas del río Aqueronte, un brazo de la extensa laguna subterránea Estige.
Para poder atravesar este río, los difuntos, una vez sepultados, deben pagar una moneda, que sus parientes le suelen colocar en la boca, a un anciano y escuálido barquero llamado Caronte. Al llegar la fúnebre comitiva al otro lado, aparece la puerta del Infierno custodiada por un perro de tres cabezas, de cuya parte posterior surge una maraña de serpientes. Su nombre es Cerbero y deja entrar a todos, pero a nadie permite la salida. En una sola ocasión abandonó su puesto: al ser capturado por Heracles en el último trabajo del héroe.
Traspasados los umbrales del Infierno, había una gran sala donde un tribunal de jueces, formado por Minos, Eaco y Radamantis, pronuncia la sentencia correspondiente: los justos y piadosos son enviados al Eliseo o Campos Eliseos, lugar de bienaventuranza en el que residen los héroes, mientras que los impíos y criminales son precipitados sobre el Tártaro, donde sufren la condena impuesta. Es este un mundo de oscuridad vagan las sombras de los muertos sometidas a tormentos terribles. Allí están los grandes transgresores, como Tántalo, Sísifo, Ixión, también otros culpables. En estos parajes el castigo es eterno, como eterno es el premio en el Eliseo para los bienaventurados.
El rapto de Perséfone, también llamada Core (la Muchacha), constituye un hecho importante en el mito de Hades. Hija única de Zeus y de Deméter, Perséfone es una bella joven que goza del perfume de las flores cogidas en primavera. Hades, como los demás dioses, pretende tener una esposa, pero teme que la elegida no acceda a residir en el oscuro lugar donde él mora. Por ello, con el consentimiento de Zeus, trama y lleva a cabo el rapto de Perséfone. Un día la joven estaba embelesada contemplando los narcisos florecidos de una pradera. Hades hace brotar del suelo una flor hermosa, enseguida atrae la atención de Perséfone. Cuando ésta va a cogerla, se abre en el lugar una enorme sima y aparece Hades, toma a la joven y la lleva consigo a su palacio.
Ante la desaparición de su hija, Deméter sale a buscarla, es tal su dolor que produce agotamiento y esterilidad en los campos. El Sol revela el rapto de Perséfone a la diosa y ésta se niega regresar al Olimpo sin ver a su hija. Finalmente, Zeus interviene: Por medio de Hermes, ordena a Hades la devolución de la joven, a lo que el rey de los muertos accede, sin antes conseguir que su amada comiese unas pepitas de un fruto del Infierno, seguro de que semejante alimento la haría regresar.
Con la vuelta de Perséfone, Deméter ve aliviado su dolor y la fertilidad vuelve a la tierra. Pero la joven diosa, a causa del fruto comido, regresa al mundo de las sombras, del que es nombrada reina suprema junto a su esposo, Hades. Las renovadas súplicas de Deméter mueven a Zeus a proponer al dios de los muertos un compromiso que éste acepta: durante una época del año se quedará sin su esposa, que regresa al lado de su madre. Así, con el retornó cíclico de la reina del Infierno, la vida vuelve a renacer en la Naturaleza.
Otros mitos importantes en torno a Hades es el de Orfeo como veremos a continuación, como el descenso de Ulises en busca de una razón cierta de su regreso a Ítaca, visto páginas atrás, como el de Dante de manos de Virgilio en la Divina Comedia

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