Zeus, después de haber
abatido a Tifón reparte a suerte el dominio sobre las tres zonas cósmicas. El
Océano queda para Poseidón, el mundo subterráneo es entregado a Hades y Zeus se
queda con el cielo. La tierra y el Olimpo quedan como posesión común (Ilíada,
XV). En alguna parte del reino de las sombras tiene Hades su palacio, al que
nadie vivo, salvo el dios, más tarde su esposa y luego Heracles, tiene acceso.
Hades es un dios barbado y tenebroso, pero justo; no es la muerte, sino el rey
de los muertos. Sus funciones le tienen tan ocupado que rara vez sale de su
territorio para ir a Olimpo.
Ahora bien, el
pensamiento mítico griego expone cómo sobre los hombres actúan de forma
parecida, aunque con efectos completamente distintos, dos hermanos: Hipno (el Sueño) y Tánato (la Muerte). Cuando este último vence, su víctima es trasladada al
mundo subterráneo, situado en el extremo Occidente y separado del mundo de los
vivos por las aguas del río Aqueronte, un brazo de la extensa laguna
subterránea Estige.
Para poder atravesar
este río, los difuntos, una vez sepultados, deben pagar una moneda, que sus
parientes le suelen colocar en la boca, a un anciano y escuálido barquero
llamado Caronte. Al llegar la fúnebre comitiva al otro lado, aparece la puerta
del Infierno custodiada por un perro de tres cabezas, de cuya parte posterior
surge una maraña de serpientes. Su nombre es Cerbero y deja entrar a todos,
pero a nadie permite la salida. En una sola ocasión abandonó su puesto: al ser
capturado por Heracles en el último trabajo del héroe.
Traspasados los umbrales
del Infierno, había una gran sala donde un tribunal de jueces, formado por
Minos, Eaco y Radamantis, pronuncia la sentencia correspondiente: los justos y
piadosos son enviados al Eliseo o Campos Eliseos, lugar de bienaventuranza en
el que residen los héroes, mientras que los impíos y criminales son precipitados
sobre el Tártaro, donde sufren la condena impuesta. Es este un mundo de
oscuridad vagan las sombras de los muertos sometidas a tormentos terribles.
Allí están los grandes transgresores, como Tántalo, Sísifo, Ixión, también
otros culpables. En estos parajes el castigo es eterno, como eterno es el
premio en el Eliseo para los bienaventurados.
El rapto de Perséfone,
también llamada Core (la Muchacha),
constituye un hecho importante en el mito de Hades. Hija única de Zeus y de
Deméter, Perséfone es una bella joven que goza del perfume de las flores
cogidas en primavera. Hades, como los demás dioses, pretende tener una esposa,
pero teme que la elegida no acceda a residir en el oscuro lugar donde él mora.
Por ello, con el consentimiento de Zeus, trama y lleva a cabo el rapto de
Perséfone. Un día la joven estaba embelesada contemplando los narcisos
florecidos de una pradera. Hades hace brotar del suelo una flor hermosa,
enseguida atrae la atención de Perséfone. Cuando ésta va a cogerla, se abre en
el lugar una enorme sima y aparece Hades, toma a la joven y la lleva consigo a
su palacio.
Ante la desaparición de
su hija, Deméter sale a buscarla, es tal su dolor que produce agotamiento y
esterilidad en los campos. El Sol revela el rapto de Perséfone a la diosa y
ésta se niega regresar al Olimpo sin ver a su hija. Finalmente, Zeus
interviene: Por medio de Hermes, ordena a Hades la devolución de la joven, a lo
que el rey de los muertos accede, sin antes conseguir que su amada comiese unas
pepitas de un fruto del Infierno, seguro de que semejante alimento la haría
regresar.
Con la vuelta de
Perséfone, Deméter ve aliviado su dolor y la fertilidad vuelve a la tierra.
Pero la joven diosa, a causa del fruto comido, regresa al mundo de las sombras,
del que es nombrada reina suprema junto a su esposo, Hades. Las renovadas
súplicas de Deméter mueven a Zeus a proponer al dios de los muertos un
compromiso que éste acepta: durante una época del año se quedará sin su esposa,
que regresa al lado de su madre. Así, con el retornó cíclico de la reina del
Infierno, la vida vuelve a renacer en la Naturaleza.
Otros mitos importantes en torno a Hades es el
de Orfeo como veremos a continuación, como el descenso de Ulises en busca de
una razón cierta de su regreso a Ítaca, visto páginas atrás, como el de Dante
de manos de Virgilio en la Divina Comedia
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