domingo, 25 de marzo de 2012

La Casa De Asterión




“La casa de Asterión” [en El Aleph (1949), Volumen 2, Prosa Completa.Barcelona: Bruguera, 1980, pp. 52-54]
Jorge Luis Borges
Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro: Biblioteca; III, I

Sé que me acusan de soberbia. Y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo, son irrisorias). Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la sociedad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida. Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay  cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unas se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas. Otros juntaban piedras. Algunos, creo, se ocultaron bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grandes; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprenda a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no faltan las distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar el suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o la vuelta de un corredor y juego que buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa (a veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar en otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre: son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios. Aljibes. La casa es del tamaño del mundo, mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendía hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez; arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizás yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Unos tras otros caen sin que yo me ensangrente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir unas galerías de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos ya profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿O será como yo?
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? –dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Actividad.
1.     Realice, en dos párrafos, la trama del cuento de Borges.
2.     ¿Cuál es el agumento del cuento “La casa de Asterión?
3.     ¿Cuál es el punto de vista del cuento? Ilústrelo con varios enunciados.
4.     De acuerdo con el contexto sustituya las palabras en negrilla por un sinónimo, de modo que conserve el sentido original. Realice los cambios que estime conveniente en el contexto lingüístico.
5.     Para comprender mejor el cuento investigue: a. Quién es Asterión; b. la biografía de Borges y el contexto literario en el cual se desempeña el autor.
6.     Vuelva a narrar el cuento desde el punto de vista de Teseo. Introduzca los cambios que considere necesarios.











[1]El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.

Robert Graves. Los Mitos Griegos.




TESEO EN CRETA
a. Es materia de discusión si Medea persuadió a Egeo para que enviara a Teseo contra el feroz toro blanco de Posidón, o si fue después de la expulsión de Medea de Atenas cuando Teseo emprendió la destrucciónde ese monstruo que respiraba fuego, con la esperanza de congraciarse más con los atenienses. Llevado por Heracles desde Creta, dejado en libertad en la llanura de Argos y arrojado desde allí a través del istmo hasta Maratón, el toro había matado a centenares de hombres entre las ciudades de Probalinto y Tricorinto, incluyendo, según dicen algunos a Androgeo, el hijo de Minos. Sin embargo, Teseo se asió a los cuernos mortíferos y arrastró al toro en triunfo a lo largo de las calles de Atenas, subiendo por la ladera empinada hasta la Acrópolis, donde lo sacrificó a Atenea o a Apolo[1].
b. Cuando se acercaba a Maratón, Teseo había sido recibido hospitalariamente por una solterona vieja y pobre llamada Hecalé, o Hecalene, quien prometió un carnero a Zeus si él volvía ileso. Pero ella murió antes de su regreso y él instituyó los ritos Hecalesios para honrarles a ella y a Zeus Hecalio, ritos que todavía se realizan. Como Teseo no era más que un niño en ese tiempo, Hecalé le había acariciado con carantoñas infantiles, y en consecuencia se la llama comúnmente con el diminutivo de Hecalene, más bien que Hecalé[2].
c. En compensación por la muerte de Androgeo, Minos ordenó que los atenienses enviaran siete muchachos y siete doncellas cada nueve años —es decir a la terminación de cada Gran Año— al Laberinto de Creta, donde esperaba el Minotauro para devorarlos. Este Minotauro, que se llamaba Asterio, o Asterión, era el monstruo con cabeza de toro que Pasífae había tenido con el toro blanco[3]. Poco después de la llegada de Teseo a Atenas venció la fecha del tributo por tercera vez, y sintió tanta lástima por los padres cuyos hijos podían ser elegidos por sorteo que él mismo se ofreció como una de las víctimas, a pesar de las fervorosas tentativas que hizo Egeo para disuadirle. Pero algunos dicen que le tocó ir por sorteo. Según otros, el rey Minos fue personalmente con una gran flota a elegir las víctimas, y su mirada recayó en Teseo, quien, aunque era natural de Trecén y no de Atenas, se ofreció voluntariamente a ir, con la condición de que si vencía al Minotauro sin armas se anularía el tributo[4].
d. En las dos ocasiones anteriores el barco que conducía las catorce víctimas llevaba velas negras, pero Teseo confiaba en que los dioses le ayudarían, y por tanto Egeo le dio una vela blanca para que la izase a su regreso en señal de buen éxito; aunque algunos dicen que era una vela roja, teñida con jugo de coscoja[5].
e. Una vez realizado el sorteo en el Tribunal de Justicia, Teseo llevó a sus compañeros al Delfinio, donde hizo por ellos a Apolo la ofrenda de un ramo de olivo sagrado, coronado con una banderola de lana blanca. Las catorce madres llevaron provisiones para el viaje y relataron a sus hijos fábulas y cuentos heroicos para animarlos. Pero Teseo reemplazó a dos de las doncellas con un par de muchachos afeminados que poseían un valor y una presencia de ánimo extraordinarios. Ordenó a éstos que tomaran baños calientes, evitaran los rayos del sol, se perfumasen el cabello y el cuerpo con ungüentos y se ejercitasen en hablar, hacer gestos y caminar como las mujeres. Así podía engañar a Minos haciéndolos pasar por doncellas[6].
f. Féax, el antepasado de los feacios, entre los cuales se hallaba Odiseo, iba como piloto en la proa de la nave de treinta remos en la que navegaron, porque ningún ateniense conocía todavía el arte de la navegación. Algunos dicen que el timonel era Ferecló, pero es probable que tengan razón los que le llaman Nausítoo, pues Teseo, a su regreso, erigió monumentos a Nausítoo y Féax en Falero, el puerto de partida; y el Festival de los Pilotos local se celebra conjuntamente en honor de los dos[7].
g. El oráculo de Delfos había aconsejado a Teseo que llevara a Afrodita como guía y compañera en el viaje. En consecuencia le ofreció un sacrificio en la playa, y he aquí que la víctima, una cabra, se convirtió al morir en macho cabrío. Este prodigio mereció a Afrodita el titulo de Epitragia[8].
h. Teseo se hizo a la mar el día 6 del mes Muniquión [abril]. Todos los años en esa fecha los atenienses siguen enviando vírgenes al Delfinio para propiciar a Apolo, porque Teseo omitió el hacerlo antes de partir. El desagrado del dios se puso de manifiesto en forma de una tormenta que obligó a Teseo a refugiarse en Delfos y a ofrecer allí los sacrificios olvidados[9].
i. Cuando la nave llegó a Creta algunos días después, Minos bajó al puerto para contar las víctimas. Se enamoró de una de las doncellas atenienses —no hay acuerdo sobre si era Peribea (la que fue luego madre de Ayas), o Eribea, o Ferebea, pues las tres tenían nombres parecidos— y la habría poseído allí mismo si Teseo no hubiera protestado diciendo que era su deber, como hijo de Posidón, defender a las vírgenes contra los ultrajes de los tiranos. Minos, riendo lascivamente, replicó que no se sabía que Posidón hubiera mostrado nunca un respeto delicado por ninguna de las vírgenes de las que se encaprichaba[10].
—¡Ja, ja! —exclamó—. Demuestra que eres un hijo de Posidón devolviéndome esta chuchería.
Y diciendo eso arrojó su sello de oro al mar.
—Demuestra tú primero que eres un hijo de Zeus—replicó Teseo.
j. Minos lo hizo. A su ruego: «¡Escúchame, Padre Zeus!», respondieron inmediatamente un relámpago y un trueno. Sin más rodeos, Teseo se sumergió en el mar, donde un gran cardumen de delfines le acompañó honorablemente hasta el palacio de las Nereidas. Algunos dicen que la nereida Tetis le dio entonces la corona enjoyada, el regalo de boda de Afrodita que más tarde llevaría Ariadna; otros, que fue la propia Anfitrite, diosa del Mar quien se la entregó, y que envió a las nereidas nadando en todas las direcciones en busca del anillo de oro. Fuera como fuese, cuando Teseo salió del mar llevaba consigo tanto el anillo como la corona, según ha constatado Micón en su pintura en la tercera pared del templode Teseo[11].
k. Afrodita había acompañado ciertamente a Teseo pues, no sólo Peribea y Ferebea invitaron al héroe caballero a sus lechos sin que fueran desairadas, sino que, además, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él a primera vista. «Te ayudaré a matar a mi hermanastro, el Minotauro —le prometió en secreto— si puedo volver a Atenas contigo como tu esposa.» Teseo aceptó de buena gana ese ofrecimiento y le prometió casarse con ella. Ahora bien, Dédalo, antes de salir de Creta, había dado a Ariadna un ovillo de hilo mágico y le dio instrucciones sobre la manera de entrar y salir del Laberinto. Debía abrir la puerta de entrada y atar al dintel el extremo suelto del hilo; el ovillo iría desenredándose y disminuyendo a medida que avanzase, tortuosamente y dando muchas vueltas, hacia el recinto más recóndito donde se alojaba el Minotauro. Ariadna entregó ese ovillo a Teseo y le dijo que siguiera el hilo hasta que llegara adonde dormía el monstruo, al que debía asir por el cabello y sacrificar a Posidón. Luego podría volver siguiendo el hilo, que iría enrollando y formando de nuevo el ovillo[12].
l. Esa misma noche Teseo hizo lo que se le había dicho, pero es motivo de mucha discusión si mató al Minotauro con una espada que le dio Ariadna, o con sus manos desarmadas, o con su célebre clava. En un friso esculpido de Amicle aparece el Minotauro atado y conducido en triunfo por Teseo a Atenas, pero ésta no es la fábula que se acepta generalmente[13].
m. Cuando Teseo salió del Laberinto, salpicado con sangre, Ariadna le abrazó apasionadamente y condujo al puerto a todo el grupo ateniense. Pues, entretanto, los dos muchachos de aspecto afeminado habían matado a los guardias del alojamiento de las mujeres y puesto en libertad a las víctimas doncellas. Todos ellos embarcaron sigilosamente en su nave, en la que les esperaban Nausítoo y Féax, y se apresuraron a alejarse remando. Pero aunque Teseo había desfondado previamente los cascos de varias naves cretenses para impedir la persecución, se dio la alarma y se vio obligado a librar un combate naval en el puerto antes de escapar, afortunadamente sin pérdidas, a cubierto de la oscuridad[14].
n. Algunos días más tarde, después de desembarcar en la isla llamada entonces Día y ahora Naxos, Teseo dejó a Ariadna dormida en la playa y se hizo nuevamente a la mar. El motivo por el que actuó así será siempre un misterio. Algunos dicen que la abandonó en favor de una nueva amante, Eglé, hija de Panopeo; otros dicen que mientras le detenían en Día vientos contrarios reflexionó sobre el escándalo que causaría en Atenas la llegada de Ariadna[15]. Y no faltan quienes afirman que Dioniso se le apareció a Teseo en un sueño y le exigió amenazadoramente que le entregase a Ariadna, y que cuando despertó Teseo y vio que la flota de Dioniso se disponía a atacar Dia, levó anclas presa de un terror súbito, y un hechizo de Dioniso le hizo olvidar su promesa a Ariadna e incluso su existencia misma[16].
o. Sea cual fuere la verdad, los sacerdotes de Dioniso en Atenas afirman que cuando Ariadna se encontró en la costa desierta irrumpió en amargos lamentos, recordando cómo había temblado mientras Teseo se disponía a dar muerte a su monstruoso hermanastro; cómo había hecho votos silenciosos por su buen éxito; y cómo, por el amor que le tenía, había abandonado a sus padres y su patria. Invocó al universo entero para que la vengase y el Padre Zeus asintió con un movimiento de cabeza. Luego, amable y bondadosamente, Dioniso, con su alegre séquito de sátiros y ménades, acudió en socorro de Ariadna. Se casó en seguida con ella y le puso en la cabeza la corona de Tetis, y ella le dio muchos hijos[17]. De ellos sólo a Toante y Enopión se los llama a veces hijos de Teseo. La corona, que Dioniso puso más tarde entre las estrellas como la Corona Boreal, había sido hecha por Hefesto con oro ardiente y gemas rojas de la India colocadas en forma de rosas[18].
p. Sin embargo, los cretenses se niegan a admitir que existiera alguna vez el Minotauro, o que Teseo conquistara a Ariadna por medios clandestinos. Describen el Laberinto como solamente una prisión bien vigilada en la que se mantenía a los jóvenes y las doncellas atenienses preparados para los juegos fúnebres de Androgeo. Algunos eran sacrificados en su tumba; otros eran entregados como esclavos a los ganadores de los premios. Sucedía que el cruel y arrogante Tauro, general de Minos, obtenía todos los premios un año tras otro, pues ganaba todos los juegos en los que tomaba parte, con gran disgusto de sus rivales. Además había perdido la confianza de Minos porque circulaba el rumor de que tenía un amorío adúltero con Pasífae, con la connivencia de Dédalo, y uno de los hijos mellizos de ella se parecía mucho a él. En consecuencia, Minos accedió de buena gana al pedido de Teseo de que le concediera el privilegio de luchar cuerpo a cuerpo con Tauro. En la antigua Creta asistían a los juegos tanto las mujeres como los hombres, y Ariadna se enamoró de Teseo cuando tres veces seguidas le vio lanzar al campeón sobre su cabeza y clavar sus hombros en la tierra. El espectáculo proporcionó a Minos casi la misma satisfacción; otorgó a Teseo el premio, lo aceptó como su yerno y anuló el cruel tributo[19].
q. Una canción beocia tradicional confirma esta tradición de que no todas las víctimas eran sacrificadas. Explica que los cretenses enviaban a Delfos la ofrenda de sus primogénitos, en su mayoría hijos de esclavos atenienses cretanizados. Los delfianos, sin embargo, no podían soportar esa carga sobre los recursos de su pequeña ciudad y por lo tanto los enviaron a que fundasen una colonia en Yapigia, Italia. Posteriormente se establecieron en Beocia, Tracia, y la exclamación nostálgica de las doncellas botienas: «¡Oh, dejadnos volver a Atenas!» es un recuerdo constante de su origen[20].
r. Los chipriotas y otros ofrecen un relato completamente distinto. Dicen que Minos y Teseo convinieron en jurar que ningún barco —con excepción del Argo, al mando de Jasón, quien tenía la misión de librar el marde piratas— podría navegar por Aguas griegas con más de cinco tripulantes. Cuando Dédalo huyó de Creta a Atenas, Minos violó su pacto al perseguirlo con barcos de guerra, y así se ganó la ira de Posidón, que había sido testigo del juramento, y desencadenó una tempestad que lo llevó a morir en Sicilia. El hijo de Minos, Deucalión, heredó la querella y amenazó con que si los atenienses no entregaban a Dédalo daría muerte a todos los rehenes que le había dado Teseo al concluir el pacto. Teseo replicó que Dédalo era pariente consanguíneo suyo y preguntó apaciblemente si no se podía llegar a alguna transacción. Cambió varias cartas sobre el asunto con Deucalión, pero entretanto construía barcos en secreto, algunos en Tumátidas, un puerto lejos del camino público, y otros en Trecén, donde Piteo tenía un astillero del que nada sabían los cretenses. Al cabo de uno o dos meses se hizo a la mar su flotilla, al mando de Dédalo y otros fugitivos de Creta; y los cretenses, tomando equivocadamente a las naves que se acercaban por parte de la flota perdida de Minos, les hicieron un gran recibimiento. En consecuencia, Teseo se apoderó del puerto sin oposición, y fue directamente a Cnosos, donde dominó a los guardias de Deucalión y mató al propio Deucalión en una habitación interior del palacio. El trono de Creta pasó entonces a Ariadna, con quien Teseo llegó generosamente a un acuerdo; ella le entregó los rehenes atenienses y se concluyó un tratado de amistad perpetua entre las dos naciones, sellado por la unión de las dos coronas, pues, en efecto, Ariadna se casó con Teseo[21].
s. Tras largos festejos, partieron juntos apara Atenas, pero una tempestad los llevó a Chipre. Allí Ariadna, quien ya estaba encinta de Teseo y temía que el mareo le hiciera abortar, pidió que la desembarcaran en Amatunte. Se hizo eso, pero apenas había vuelto Teseo a su nave cuando un viento violento obligó a toda la flota a volver a hacerse a la mar. Las mujeres de Amatunte trataron a Ariadna bondadosamente, consolándola concartas que fingían haberse recibido de Teseo, quien estaba reparando su nave en la costa de una isla cercana; y cuando murió de sobreparto la enterraron suntuosamente. En Amatunte muestran todavía la tumba de Ariadna, en un bosquecillo consagrado a ella como Aridela. Teseo, cuando volvió de la costa de Siria, se afligió mucho al enterarse de que había muerto y dotó a su culto con una gran cantidad de dinero. Los chipriotas celebran todavía el festival de Ariadna el día 2 de septiembre, cuando un joven se acuesta en su tumba y finge ser una mujer con dolores de parto; y adoran dos estatuillas de ella, una de plata y la otra de bronce, que les dejó Teseo. Dicen que Dioniso, lejos de casarse con Ariadna, estaba indignado porque ella y Teseo habían profanado su gruta de Naxos, y se quejó a Ártemis, quien le dio muerte cuando estaba de parto con flechas despiadadas; pero algunos dicen que ella se ahorcó por temor a Ártemis[22].
t. Para resumir la historia de Teseo: desde Naxos navegó a Délos, y allí hizo sacrificios a Apolo y realizó juegos atléticos en su honor. Fue entonces cuando introdujo la nueva costumbre de coronar al vencedor con hojas de palmera y poner un tallo de palmera en su mano derecha. También dedicó prudentemente al dios una pequeña imagen de madera de Afrodita, obra de Dédalo, que Ariadna había llevado de Creta y dejado en su nave, y que podía haber sido objeto de comentarios cínicos por parte de los atenienses. Esta imagen, que todavía se exhibe en Délos, descansa sobre una base cuadrada en vez de pies y está constantemente enguirnaldada[23].
u. Un altar con cuernos se alza junto al lago redondo de Délos. Lo construyó personalmente Apolo cuando sólo tenía cuatro años de edad, con los cuernos compactamente unidos de innumerables cabras que había matadoÁrtemis en el monte Cinto; ésa fue su primera proeza arquitectónica. Los cimientos del altar y las paredes que lo encierran están hechas también completamente con cuernos, todos ellos tomados del mismo lado de las víctimas, pero se discute si del izquierdo o del derecho[24]. Lo que hace que la obra figure entre las siete maravillas del mundo es que no se empleó en la construcción mortero ni ningún otro coligativo. Alrededor de ese altar —o, según otra versión, alrededor de un altar de Afrodita en el que se había puesto la imagen dedálica— bailaron Teseo y sus compañeros la danza llamada la Grulla, que consiste en evoluciones laberínticas realizadas con pasos mesurados con acompañamiento de arpas. Los delios bailan todavía esa danza que llevó Teseo de Cnosos, Dédalo había construido allí para Ariadna una pista de baile en la que estaba marcado en relieve de marmol blanco un laberinto copiado del egipcio. Cuando Teseo y sus compañeros bailaron la Grulla en Cnosos fue la primera ocasión en que hombres y mujeres danzaron juntos. La gente chapada a la antigua, especialmente los marineros, conservan la misma danza en muchas ciudades de Grecia y del Asia Menor, lo mismo que los niños en la campiña italiana, y constituye la Base de los fuegos de Troya[25].
v. Ariadna no tardó en vengarse de Teseo. Bien fuera por la aflicción que sentía por haberla perdido, o bien por la alegría que le produjo ver la costa de Ática, de la que le habían mantenido apartado vientos prolongados, olvidó su promesa de izar la vela blanca[26]. Egeo, que le esperaba en la Acrópolis, en el lugar donde se alza ahora el Templo de la Victoria sin Alas, divisó la vela negra, se desmayó, cayó de cabeza al valle de abajo y murió Pero algunos dicen que se arrojó deliberadamente al mar, que desde entonces se llama Egeo[27].
w. Teseo no fue informado de ese doloroso accidente hasta que terminó los sacrificios prometidos a los dioses por su feliz regreso; luego enterró a Egeo y le honró con un altar de héroe. El día 8 del mes Pianepsión [octubre], la fecha de su regreso de Creta, los atenienses leales bajan en gran número a la costa con ollas, en las que cuecen diferentes clases de habichuelas para recordar a sus hijos que Teseo, habiéndose visto obligado a dar a sus tripulantes raciones muy pequeñas, coció sus restantes provisiones en una olla tan pronto como desembarcó y llenó con ellas por fin los estómagos vacíos de los atenienses. En este mismo festival de acción de gracias se entonan cánticos para celebrar la terminación del hambre y se lleva un ramo de olivo envuelto en lana blanca y del que cuelgan las primicias de diversos frutos, para conmemorar el que dedicó Teseo antes de partir. Como era la estación de la cosecha, Teseo instituyó también el Festival de las Cepas, en agradecimiento a Atenea y Dioniso, quienes se le aparecieron en Naxos, o bien en honor de Dioniso y Ariadna. Los dos portadores de las cepas representan a los dos jóvenes que Teseo llevó a Creta disfrazados de doncellas y que caminaban a su lado en el desfile triunfal que se realizó después de su regreso. Catorce mujeres llevan provisiones y toman parte en este sacrificio; representan a las madres de las víctimas salvadas, y su tarea consiste en recitar fábulas y mitos antiguos, como hicieron también esas madres antes de que zarpara el barco[28].
x. Teseo dedicó un templo a Ártemis Salvadora en la plaza del mercado de Trecén; y sus conciudadanos le honraron con un templete cuando todavía vivía. Las familias que estaban obligadas a pagar el tributo a Creta se encargaron de aportar las víctimas necesarias para los sacrificios, y Teseo concedió su sacerdocio a los Fitálidas en agradecimiento por su hospitalidad. La nave en que fue a Creta ha hecho desde entonces un viaje de ida y vuelta a Délos, pero la han reparado y recompuesto tantas veces que los filósofos la citan como un ejemplo cuando discuten el problema de la identidad continua[29].

*

1. Grecia se cretanizó hacia el final del siglo xviii a. de C, probablemente por una aristocracia helena que se había apoderado del poder en Creta una o dos generaciones antes y había iniciado allí una cultura nueva. El relato claro y sencillo de la incursión de Teseo en Cnosos, citado por Plutarco tomándolo de Cleidemo, parece razonable. Describe una rebelión de los atenienses contra un señor cretense que había tomado rehenes como garantía de su buena conducta; la construcción secreta de una flotilla, el saqueo de la ciudad abierta de Cnosos durante la ausencia del grueso de la flota cretense en Sicilia, y un subsiguiente tratado de paz ratificado por el casamiento del rey de Atenas con Ariadna, la heredera cretense. Estos acontecimientos, que apuntan más o menos al año 1400 a. de C., tienen su paralelo en el relato mítico: Se exige a Atenas un tributo de jóvenes y doncellas en compensación por el asesinato de un príncipe cretense. Teseo, al matar astutamente al Toro de Minos, o al vencer al principal jefe militar de Minos en una lucha, libera a los atenienses de ese tributo, se casa con Ariadna, la heredera del trono, y hace la paz con Minos.
2. La muerte por Teseo de Asterio, el de cabeza de toro, llamado el Minotauro, o el «Toro de Minos»; su lucha con Tauro («toro»), y su captura del toro cretense, son versiones del mismo acontecimiento. Bolynthos, que dio su nombre al Probalinto ático, era la palabra cretense con que se designaba al «toro bravo». «Minos» era el título de una dinastía de Cnosos que tenía por emblema un toro celeste —«Asterios» podía significar «del sol» o «del firmamento»— y era en forma de toro como el rey parece haberse ayuntado ritualmente con la suma sacerdotisa como vaca-Luna (véase 88.7).Un elemento de la formación del mito del Laberinto puede haber sido que el palacio de Cnosos —la casa del labrys o hacha doble— era un complejo de habitaciones y corredores, y que los invasores atenienses tuvieron dificultad para encontrar y matar al rey cuando lo tomaron. Pero esto no es todo. Un espacio abierto delante del palacio estaba ocupado por una pista de baile con un dibujo laberíntico que servía para guiar a los que bailaban una danza de la primavera erótica (véase 92.4). El origen de ese dibujo, llamado también laberinto, parece haber sido el laberinto tradicional de matorrales que se utilizaba para atraer a las perdices hacia uno de sus machos, enjaulado en la cerca central, con reclamos de alimento, reclamos amorosos y desafíos; y los bailarines imitarían la danza de amor extática y renqueante de las perdices machos (véase 92.2), cuyo destino era que el cazador les golpease en la cabeza (Eclesiastés xi.30).
3. Una jarra de vino etrusca de Tagliatella en la que se ven dos héroes a caballo explica la teoría religiosa de la danza de la perdiz. El que va delante lleva un escudo en el que está dibujada una perdiz, y un demonio de la muerte se posa detrás de él; el otro héroe lleva una lanza y un escudo en el que está dibujado un pato. Detrás de ellos hay un dibujo laberíntico que se encuentra no sólo en ciertas monedas de Cnosos, sino también en los dibujos intrincados hechos en el césped y que pisaban los escolares británicos en la Pascua de Resurrección hasta el siglo xix. Los celos amorosos atraían al rey a su muerte, explica el iconógrafo, como una perdiz en el laberinto del matorral, y le sucedía su heredero. Sólo el héroe excepcional —un Dédalo o un Teseo— volvía vivo; y en este contexto el reciente descubrimiento en las cercanías de Bossinney, Cornualles, de un laberinto cretense tallado en la superficie de una roca tiene gran importancia. La barranca donde el Dr. Renton Green descubrió el laberinto es una de las últimas guaridas de la chova de Cornualles; y esta ave aloja el alma del rey Arturo que perturbó el Infierno y con quien Bosinney está íntimamente relacionada en la leyenda. Una danza laberíntica parece haber sido llevada a Britania desde el Mediterráneo oriental por agricultores neolíticos del tercer milenio a. de C, puesto que toscos laberintos de piedra, análogos a los británicos hechos en el césped, se dan en la zona «Beaker B» de Escandinavia y el nordeste de Rusia; y en el sudeste de Europa se encuentran laberintos eclesiásticos, utilizados en otro tiempo con propósitos penitenciales. A los laberintos ingleses hechos en el césped se los llama habitualmente «Ciudad de Troya», y lo mismo a los de Gales: Caer-droia. Probablemente los romanos los llamaban así por su Juego de Troya, una danza laberíntica ejecutada por jóvenes aristócratas en honor del antepasado de Augusto, el troyano Eneas; aunque, según Plinio, la bailaban también los niños en la campiña italiana.
4. En Cnosos el culto del toro celeste sucedió al culto de la perdiz, y el círculo de bailarines llegó a representar los cursos anuales de los cuerpos celestes. Por lo tanto, si tomaban parte siete muchachas y doncellas, pueden haber representado a los siete titanes y titánides del sol, la luna y los cinco planetas (véase 1.3 y 43.4); aunque no se ha encontrado ninguna prueba concreta del culto de los titanes en las obras de arte cretenses. Parece que la antigua danza de la Grulla de Délos —también las grullas ejecutan una danzaamorosa— se adaptó igualmente a un dibujo laberíntico. En algunos laberintos los bailarines se asían a una cuerda que les ayudaba a mantener la distancia conveniente y seguir el dibujo sin equivocarse; y esto puede haber dado origen a la fábula del ovillo de hilo (A. B. Cook Journal of Hellenic Studies xiv.101 y ss., 1959); en Atenas, como en el monte Sípilo, a la danza de la cuerda se la llamaba cordax (Aristófanes: Nubes 540). El espectáculo en el ruedo taurino de Creta consistía en una exhibición acrobática realizada por hombres jóvenes y muchachas que por turno se asían a los cuernos del toro que embestía y daban saltos mortales hacia atrás sobre su lomo. Éste era evidentemente un rito religioso, y quizás también en este caso los ejecutantes representaban planetas. No pudo haber sido un deporte tan peligroso como sugieren la mayoría de quienes escriben sobre el tema, ajuzgar por los escasos accidentes que se producen entre los banderilleros en las plazas de toros españolas; y en un fresco cretense se ve que un compañero estaba listo para recoger al joven o la muchacha que daba los saltos mortales cuando caían a tierra.
5. «Ariadna», que los griegos interpretaban como «Ariagne» («muy santa»), tenía que ser el título de la diosa Luna honrada en la danza y en el ruedo taurino: «la alta y fértil madre Cebada», llamada también Aridela («La muy manifiesta»). La conducción de ramos cargados con frutos en honor de Ariadna y de Dioniso, y el suicidio de ésta ahorcándose «porque temía a Ártemis», indican que se ataban a esosramos muñecas que representaban a Ariadna (véase 79.2). Una muñeca-diosa beocia en forma de campana que se ve en el Louvre con las piernas colgantes es Ariadna, o Erígone, o Ártemis Ahorcada; y unas muñecas de bronce con miembros separables se han encontrado en la Cerdeña de Dédalo. La corona de Ariadna hecha por Hefesto en forma de guirnalda de rosas no es una fantasía; en el tesoro de Mochlos se han encontrado finas coronas de oro con joyas en forma de flores.
6. El casamiento de Teseo con la sacerdotisa de la Luna le hizo señor de Cnosos y en una moneda cnosia se ve una luna nueva en el centro de un laberinto. Pero la costumbre matrilineal privaba a una heredera de todo derecho a sus tierras si acompañaba a su marido al otro lado del mar; y esto explica por qué Teseo no llevó a Ariadna a Atenas, ni más allá de Día, isla cretense a la vista de Cnosos. El Dioniso cretense, representado como un toro —Minos, en realidad— era el marido legítimo de Ariadna; y el vino, hecho en Creta, sería empleado en sus orgías. Esto puede explicar la indignación de Dioniso, de la que informa Homero, porque Ariadna y Teseo, el intruso, se habían acostado juntos.
7. Muchas costumbres atenienses antiguas del período micénico son explicadas por Plutarco y otros en función de la visita de Teseo a Creta; por ejemplo, la prostitución ritual de muchachas y la sodomía ritual (característica del culto de Anata en Jerusalén (véase 61.1) y el de la diosa siria en Hierápolis), las cuales sobrevivían como vestigios entre los atenienses en la propiciación de Apolo con una ofrenda de doncellas y en la conducción por dos muchachos homosexuales de ramas con frutos. La rama con frutos recuerda la lulab que se llevaba en Jerusalén en el Festival de los Tabernáculos del Año Nuevo, celebrada también a comienzos de otoño. El de los Tabernáculos era un festival de la vendimia y correspondía a las Oscoforias, o «conducción de racimos de uva», atenienses, el principal interés de las cuales consistía en una carrera pedestre (Proclo: Crestomatía 28). Originalmente, el vencedor se convertía en el nuevo rey sagrado, como en Olimpia, y recibía una mezcla quíntuple de «aceite, vino, miel, queso picado y harina», el néctar y la ambrosía divinos de los dioses. Plutarco asocia a Teseo, el nuevo rey, con este festival al decir que llegó accidentalmente mientras se estaba realizando y le disculpa de toda participación en la muerte de su predecesor Egeo. Pero en realidad el nuevo rey luchabacon el rey viejo y lo arrojaba, como pharmacos, desde la Roca Blanca al mar (véase 96.3). En la ilustración que el mitógrafo ha interpretado mal evidentemente, la nave con la vela negra de Teseo tiene que haber sido una embarcación lista para salvar al pharmacos; tenía velas negras porque los pescadores del Mediterráneo embetunan habitualmente sus redes y velas para impedir que el agua salada las pudra. La grana o cochinilla proporcionaba un unte escarlata con el que se untaba el rostro del rey sagrado, y por tanto estaba asociada con la realeza. «Hecalé», la vieja solterona menesterosa, es probablemente una forma anticuada de «Hécate Selene», «la luna que dispara lejos», es decir, Ártemis.
8. La ingestión de habichuelas o habas por los hombres parece haber estado prohibida en la época pre-helénica; los pitagóricos seguían absteniéndose de comerlas, alegando que las almas de sus antepasados podían muy bien residir en ellas y que si un hombre (no una mujer) comía una haba podía privar a un antepasado suyo, hombre o mujer, de su probabilidad de renacer. Por tanto, el banquete de habichuelas popular indica una burla helena deliberada de la diosa que imponía esa prohibición; lo mismo se puede decir de la donación que hizo Teseo de un sacerdocio masculino a los Fitálidas («cultivadores»), la forma femenina de cuyo nombre recuerda que el cultivo de la higuera, como la plantación de habas, era al principio un misterio limitado a las mujeres (véase 24.13).
9. Los chipriotas adoraban a Ariadna como la «diosa del Nacimiento de Amato», título perteneciente a Afrodita. Su festival de otoño celebraba el nacimiento del Año Nuevo; y el joven que imitaba sus dolores de parto era su amante regio, Dioniso. Esta costumbre, llamada couvade, se encuentra en muchas partes de Europa, incluyendo algunos distritos de Anglia Oriental.
10. El templo con cuernos de Apolo en Délos ha sido excavado recientemente. El altar y sus cimientos han desaparecido, y el toro ha sucedido a la cabra como el animal ritual en las decoraciones de las piedras, si, en verdad, fue alguna vez una cabra; en un sello minoico se ve a la diosa en un altar hecho enteramente con cuernos de toro.

11. El mural alegórico de Micón en el que aparece Tetis entregando una corona y un anillo a Teseo, mientras Minos rebosa de ira en la costa, quizás representa el paso de latalasocracia de los cretenses a los atenienses. Pero es posible que Minos se casara simbólicamente con la diosa del Mar arrojando un anillo al agua, como hacían en la Edad Media los dux de Venecia.
12. A Enopión y Toante se los llama a veces hijos de Teseo porque eran los héroes de Quíos y Lemnos (véase 88.h), súbditos y aliados de los atenienses.

  
 [1]Apolodoro: Epítome i.5; Servio sobre la Eneida de Virgilio viii.294; Primer Mitógrafo Vaticano: 47; Pausanias: i.27.9; Plutarco: Teseo 14; Hesiquio: sub Bolinto.
[2]Plutarco: loc. cit.; Calímaco: Fragmento 40, ed. Bentley; Ovidio: Remedios de amor 747.
[3] Diodoro Sículo: iv.61; Higinio: Fábula 41; Apolodoro: iii.1.4; Pausanias: ii.31.1.
[4]Plutarco: Teseo 17; Apolodoro: Epítome i.7; Escoliasta sobre la Ilíada de Homero xviii.590; Diodoro Sículo: loc. cit.; Helánico, citado por Plutarco: Teseo 19.
[5]Plutarco: loc. cit.; Simónides, citado por Plutarco: loc. cit.
[6]Plutarco: Teseo 18; Historia de Demón, citado por Plutarco: Teseo 23.
[7]Filócoro, citado por Plutarco: Teseo 17; Simónides, citado por Plutarco: loc. cit.; Pausanias: i.1.2.
[8]Plutarco: Teseo 18.
[9]Plutarco: loc. cit.; Escoliasta sobre Los caballeros de Aristófanes 725.
[10] Pausanias: i.42.1; Higinio: Astronomía poética ii.5; Plutarco: Teseo 29.
[11]Pausanias: 1.17.3; Higinio: loc. cit.
[12]Plutarco: Teseo 29; Apolodoro: Epítome 1.8.
[13]Escoliasta sobre la Odisea de Hornero xi.322, citado por Ferécides; Homero: Ilíada xviii.590; Eustacio sobre la Odisea de Hornero xi.320; Apolodoro: Epítome i.9; Ovidio: Heroidas iv.115; Pausanias: iii.18.7.
[14]Pausanias: ii.31.1; Ferécides, citado por Plutarco: Teseo 19; Demón, citado por Plutarco: loc. cit.
[15]Escoliasta sobre Idilios de Teócrito ü.45; Diodoro Sículo: iv.61.5; Cátulo: lxiv.50 y ss.; Plutarco: Teseo 29; Higinio: Fábula 43.
[16]Pausanias: x.29.2; Diodoro Sículo: v.51.4; Escoliasta sobre Teócrito: loc. cit.
[17]Pausanias: i.20.2; Cátulo: lxiv.50 y ss.; Higinio: Astronomía poética ii.5.
[18]Plutarco: Teseo 20; Baquílides: xvi.116.

[19]Plutarco: Comparación de Rómulo y Teseo; Filócoro, citado por Plutarco: Teseo 15; Servio sobre Eneida de Virgilio vi.14; Filócoro, citado por Plutarco: Teseo 19.
[20]Aristóteles: Constitución de los beodos, citado por Plutarco: Teseo 16; Plutarco: Cuestiones griegas 35.
[21]Cleidemo, citado por Plutarco: Teseo 19.
[22]Hesiquío sub Aridela; Peonio, citado por Plutarco: Teseo 21; Disputa de Homero y Hesíodo 14.
[23]Plutarco: loc. cit.; Pausanias: viii.48.2 y ix.40.2; Calímaco: Himno a Délos 312.
[24]Calímaco: Himno a Apolo 60 y ss.; Plutarco: loc. cit. y ¿Qué animales son más hábiles? 35.
[25]Plutarco: Teseo 21; Calímaco: Himno a Délos 312 y ss.; Homero: Ilíada xviii.591-2; Pausanias: ix.40.2; Plinio: Historia natural xxxvi.19; Escoliasta sobre Ilíada de Homero xviii.590; Eustacio sobre Ilíada de Homero p.1166; Virgilio: Eneida v.588 y ss.
[26] Cátulo: lxiv.40 y ss.; Apolodoro: Epítome i.10; Plutarco: Teseo 22.
[27]Cátulo: loc. cit.; Pausanias: i.22.4-5; Plutarco: loc. cit. y Comparación de Rómulo y Teseo; Higinio: Fábulas 4).
[28]Pausanias: i.22.5; Plutarco: Teseo 22 y 23; Proclo: Crestomatía, citado por Focio 989.
[29]Pausanias: ii.31.1; Plutarco: loc. cit.

TESEO, EL LABERINTO Y EL MINOTAURO


Teseo fue uno de los más importantes héroes griegos y, como muchos de ellos, su vida tuvo un desenlace trágico. Para encuadrar y comprender su historia es preciso referirse al rey de Creta, Minos, que estaba casado con  Pasífae, a la que Poseidón había infundido una pasión irresistible por un toro de noble estampa, librado por Minos del sacrificio. El caballo era un animal asociado a Poseidón en recuerdo de su origen primitivo, una vez convertido en dios del mar, acogió como propio al toro, símbolo de la fuerza y de la fertilidad, común en las culturas del Oriente próximo. Según el mito, el dios del mar envió a Minos, un toro de blanco deslumbrante destinado al sacrificio que Minos no sacrificó, en castigo infundió a Pasífae pasión por el toro, con el cual engendraría al Minotauro.
            Minos consultó a un oráculo para saber cómo podía evitar mejor el escándalo y ocultar la deshonra de Pasífae. La respuesta fue: «Ordena a Dédalo que te construya un retiro en Cnosos.» Dédalo lo hizo y Minos pasó el resto de su vida en el recinto intrincado llamado el Laberinto, en el centro del cual ocultó a Pasífae y el Minotauro.
Pasífae había Confiado su pasión no natural a Dédalo, el famoso artífice ateniense que vivía desterrado en Cnosos deleitando a Minos y su familia con las muñecas de madera animadas que tallaba para ellos. Dédalo prometió ayudarla y construyó una vaca de madera hueca que cubrió con un cuero de vaca, le puso ruedas ocultas en sus pezuñas y la llevó a la pradera de las cercanías de Cortina donde el toro de Poseidón pacía bajo las encinas entre las vacas de Minos. Luego, después de enseñar a Pasífae cómo se abrían, las puertas corredizas situadas en la parte trasera de la vaca, y a entrar en ella con las piernas metidas en los cuartos traseros, se retiró discretamente. El toro blanco no tardó en acercarse y montar a la vaca, de modo que Pasífae vio satisfecho su deseo y a su tiempo dio a luz al Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano.
            De modo que, con el auxilio del escultor, arquitecto e inventor Dédalo, ateniense exiliado en Creta, la reina pudo satisfacer su pasión por el animal, concibiendo un monstruo con cuerpo de hombre y con cabeza de toro, al que Minos mandó encerrar en un laberinto construido por el propio Dédalo. Al sospechar el rey que el arquitecto había ayudado a su esposa, lo encerró también en el edificio en compañía de su hijo Ícaro. Sin embargo, los dos prisioneros consiguieron huir: el ingenioso Dédalo construyó unas alas y las adhirió con cera a su cuerpo y al de su hijo, de tal manera que pudieron escapar volando. Imprudente o tal vez embriagado por la sensación de remontar la altura, Ícaro se acercó demasiado al sol y, desprendidas sus alas por el calor, cayó al vacío y murió. Entretanto, Minos había impuesto a Atenas el envío anual de catorce jóvenes de ambos sexos, que eran entregados al Minotauro en su laberinto.
            Como «Pasífae», según Pausanias, es un título de la Luna, e «Itona» su otro nombre, un título de Atenea como hacedora de lluvia, el mito de Pasífae y el toro indica un casamiento ritual bajo una encina entre la sacerdotisa de la Luna, que llevaba cuernos de vaca, y el rey Minos, que llevaba una máscara de toro. Según Hesiquio, «Gortis» es el equivalente de Carten, la palabra cretense que significa vaca; y el casamiento parece haber sido entendido como realizado entre el Sol y la Luna, puesto que había un rebaño de vacas consagrado al Sol en Cortina. La retirada discreta de Dédalo de la pradera indica que el acto no se consumaba públicamente al estilo picto o mesino. A muchos griegos posteriores les disgustaba el mito de Pasífae y preferían creer que había tenido un amorío no con un toro, sino con un hombre llamado Tauro (Plutarco: Teseo 19; Palepato: Sobre fábulas increíbles ii). Los toros blancos, que estaban consagrados peculiarmente a la Luna, figuraban en el sacrificio anual que se realizaba en el monte Albano de Roma, en el culto de Dioniso Tracio, en el ritual del muérdago y la encina de los Druidas galos  y, según el Libro de la Vaca Parda, en los ritos adivinatorios que precedían a una antigua coronación irlandesa[1].
El palacio de Minos en Cnosos era un conjunto intrincado de habitaciones, antesalas, vestíbulos y corredores en el que un visitante del campo podía perderse fácilmente. Sir Arthur Evans sugiere que éste era el Laberinto, llamado así por la labrys o hacha de cabeza doble, emblema familiar de la soberanía cretense en forma de una luna creciente y una luna menguante unidas de espaldas y que simbolizaba tanto el poder creador como el poder destructor de la diosa. Pero el laberinto de Cnosos tenía una existencia separada del palacio; era un verdadero laberinto; parece que estaba dibujado en mosaico sobre un pavimento como un patrón de baile ritual, patrón que se da también en lugares tan separados como Gales y el nordeste de Rusia, para utilizarlo en la danza laberíntica de la Pascua de Resurrección. Esta danza se bailaba en Italia (Plinio: Historia natural xxxvi.85) y en Troya (Escoliasta sobre Andrómaca de Eurípides 1139), y parece haber sido introducida en Britania hacia fines del tercer milenio a. de C. por inmigrantes neolíticos provenientes del África del norte. Homero describe el laberinto de Cnosos (Ilíada xviii.592) así: “Dédalo ideó en Cnosos un suelo para que danzase la rubia Ariadna y Lucitano se refiere a danzas populares cretenses relacionadas con Ariadna y el Laberinto”[2].

            En Atenas reinaba por entonces Egeo. Durante un viaje tuvo relaciones amorosas con Etra, hija del rey de Trecén, y engendró un varón, al que dejó con su madre, no sin antes encomendarle debería presentarse a él cuando fuera capaz de levantar una gigantesca piedra bajo la que había ocultado su espada y sus sandalias. Este niño era Teseo y cuando creció tomó los objetos de su padre y su puso en camino hacia él, librando de paso a la región de los bandidos que la saqueaban. Cuando llegó a Atenas, su padre no lo reconoció y a instancias de Medea (hija de Eetes, sacerdotisa de Hécate, la gran diosa de la magia), su esposa, que por dotes mágicas sabía quién era, le encargó la muerte del toro de Maratón, fiero animal que Heracles había traído de Creta en su séptimo trabajo. Realizada la hazaña y reconocido Teseo como hijo de Egeo, Medea que había intentado darle muerte, huyó a su país de origen en las costas del Mar Negro.
            Cuando llegó nuevamente el período en que los atenienses debían enviar el tributo de jóvenes a Minos, Teseo se ofreció voluntario para acabar con el Minotauro: si tenía éxito en la empresa, a su regreso izaría en el mástil del barco una bandera blanca. A la llegada del héroe a Creta, Ariadna, hija de Minos y Pasífae, se enamoró de él y en secreto le ofreció su ayuda a cambio de que Teseo le prometiera llevarla con él a Atenas. Así lo hizo el héroe y la joven le entregó un ovillo de hilo, cuyo extremo fijó Teseo a la entrada del laberinto y, desenrollándolo a medida que avanzaba, llegó hasta la estancia del Minotauro y lo mató a puñetazos. Después fue recogiendo el hilo tendido por los intrincados pasadizos y tortuosidades y logró salir del laberinto con sus compañeros. Tras recoger a Ariadna, todos emprendieron el regreso a Tenas, pero al hacer escala en una isla una violenta tempestad obligó a Teseo a abandonar a la joven cretense. Encontrada por Dioniso, el dios de la alegría, se desposó con ella en solemne ceremonia. Teseo, por su parte, cuando ya alcanzaba las costas atenienses, olvidó izar la bandera blanca, por lo que su padre, desesperado, se arrojó al mar. El héroe, entristecido, heredó el trono de Atenas, donde gobernó con prudencia.
            En otra ocasión, Teseo acompañó a Heracles en su noveno trabajo cuando éste fue en busca del cinturón de la reina de las amazonas, Hipólita, a la cual se lo había entregado Ares como símbolo de poder; la reina, simulando la entrega, tendió una emboscada a Heracles que tuvo que matarla para tomar su cinturón y llevarlo a Micenas. Teseo capturó a una amazona, con la que tuvo un hijo llamado Hipólito. Las amazonas, en represalia, invadieron la región de Atenas y se produjo una sangrienta batalla, cuya victoria final correspondió al ejército de Teseo.
Pasados unos años, el héroe contrajo matrimonio con Fedra, hermana de Ariadna, a fin de estabilizar las tensas relaciones entre Atenas y Creta. La esposa, una vez que conoció al ya crecido y apuesto Hipólito, se enamoró de él, pero el joven, que se había dedicado a Artemis, rehuía el trato femenino. Artemis era hija de  Zeus y de su sexta esposa, Leto; su figura aparece asociada a la de su hermano gemelo Apolo; Artemis es la diosa virginal de la caza, es la diosa de la Naturaleza en estado puro; en compañía de un cortejo de ninfas –espíritus de las aguas dulces- recorre los bosques con su arco siempre a punto.
La lucha de Fedra entre el deber hacia el esposo y la pasión por el hijastro desencadenó la tragedia. Fedra, rechazada, se ahorcó culpando a Hipólito de sus propias intenciones, por lo cual Teseo maldijo a su hijo. Éste murió destrozado bajo un carro al ser espantado por un monstruo marino los caballos que lo conducían. Sin embargo su dignidad fue recobrada: Artemis hizo saber a Teseo la verdadera historia de Hipólito y el héroe comprendió entonces su error; el profundo respeto y amor por su hijo pasó a ser considerado como modelo del deber filial. A Teseo[3] también se le conoce por su bajada a los infiernos en busca de Perséfone[4]
           

El animal mítico

Los hombres del pasado como los del presente son compendios de actos mágicos, concebidos para crear nexos afectivos entre sí y con el mundo que los rodea: atan, encantan, conjuran fuerzas de la naturaleza. En el mundo que los rodea el hombre ha estado atraído de modo especial, según necesidades vitales, hacia la sacralidad de los animales. Entre los animales selecciona aquello que llegan a tener más importancia en su economía, en sus relaciones sociales, o a los que a sus ojos representan las formas elementales que rigen su vida, instaurando en cada ocasión relaciones mágico-totémicas, prescripciones y tabúes, ritos de todo tipo, adecuados, de conformidad con sus representaciones, para lograr  la conexión (co-ligamiento, religio): se pone en marcha una voluntad dirigida a crear un nexo, si no indisoluble, por lo menos capaz de actuar con cierta eficacia. Logra, entonces una comunión, una unión mística entre el yo y el no yo: elemento fundamental de cualquier acto mágico-religioso.
“Características constantes de muchas de estas ceremonias son la ruptura (real o simbólica), la imploración-adoración y, por último, la muerte (real o simbólica) del animal, unido todo ello siempre, cumple decirlo, a danzas propiciatorias o conmemorativas: actos durante los cuales “se pide perdón” al animal, se le asegura que su muerte se produce por su propio bien, o que en realidad no se le mata, pues de alguna forma seguirá viviendo”. La elección del animal principal o exclusivamente sagrado, en el contexto de un grupo social dado está dictado por circunstancias ambientales y, quizás, también, por instinto de conservación. De ello se desprenden razones por las cuales el toro en la Creta antigua, fue elegido como emblema mágico y colocado casi en el centro del interés totémico. Su aspecto lo convierte casi en un símbolo, en un emblema de la virilidad y acaso un significado primordialmente fálico. También asociado  a las relaciones entre la vida y la Tierra y, a través de dicha mediación, símbolo de la fertilidad. “Su lomo negro, sus cortas y robustas patas hacen que parezca nacido de la tierra, quedando así vinculado al mundo subterráneo, a las potencias chthónias, a las cavernas”




[1] Robert Graves, Los mitos griegos.Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1985.
[2] Graves, idem.
[3] Anexo texto de Robert Graves que amplía el mito de Teseo y su interpretación antropológica (ver anexo).
[4] Me baso en Jesús V Rodríguez Adrados, Dioses y héroes: mitos clásicos, Barcelona: Salvat Editores, 1984.