jueves, 5 de abril de 2012

Fausto

El mito de Fausto
La modernidad entendió el mito en sentido peyorativo: “ilusión”, “historia ficticia”, “mentira”, elemento sobrenatural que no cabe dentro de lo real. Había necesidad de racionalizarlo todo, por tanto, todo lo que no cayera dentro de esta esfera, carecía de validez. Sin embargo, hoy sabemos que el mito se caracteriza por formar parte de la vida real, especialmente de los hombres arcaicos que lo viven no desde fuera, en forma abstracta, sino que lo viven penetrándose de su atmósfera sobrehumana que hace girar la existencia conforme a los preceptos que crean y giran en torno al mito.
En este sentido, conocer el mito, significa conocer la creación, el origen de las cosas; entender este origen permite el control sobre eso conocido y significado, así mismo encarna el acceso a vivir dominando la potencia sagrada, manteniéndola, respetándola como modelo. Ello significa que el hombre vive el mito, vive con el mito y de acuerdo con él. Tal realidad sobrenatural y su reactualización, a través del rito, forman parte de su realidad, sobrepasando, incluso su entorno para convertirse en modelo a seguir. De igual manera como los Seres Sobrenaturales actuaron, así el hombre deberá ser y vivir; de este modo pasará de una realidad cotidiana a aquella en la que el tiempo no cambia convirtiéndose en presente, presente eterno, tiempo sagrado, como parte de lo que está en el origen, en la causa que ha dado cabida al hombre al mundo, al cosmos.
En lo que viene a continuación, vamos a adentrarnos en otro aspecto del mito, su necesidad de apropiarse de las fuerzas últimas de la naturaleza, pero, en este caso a través de las potencialidades de la racionalidad y; al mismo tiempo, descubrir que esas potencialidades no bastan por sí solas para habilitar al hombre en concordancia con las reglas divinas, con las reglas morales, con los imperativos de los impulsos espirituales, por lo que se ve abocado a llamar a las fuerzas oscuras de esa misma naturaleza, esa parte que viene a ser el desorden; pero, en este caso, desorden creador.

El mito de Fausto
Fausto fue un mago que hizo un pacto con el diablo para obtener sabiduría y amor. El inspirador parece haber sido Johann Faust o Johannes Fausto, de quien se cree nació en Württemberg, entre 1480 y 1540, en Alemania; se le denominó “príncipe de los nigromantes”. Se le atribuyeronpoderes diabólicos tras haber realizado numerosos pactos con Satanás. De él se dijo que andaba con perros que eran demonios. Se hizo llamar Georgius Sabellicus Faustus Junior. Además se sabe que fue un universitario y se ganó la vida con la enseñanza, los conjuros y la buenaventura. A medida que viajaba de ciudad en ciudad, su fama aumentaba y se extendía. Tal personaje, al parecer, fue contemporáneo y amigo de los alquimistas Cornelio Agrippa y de Teofrasato, Paracelso. Johannes Fausto, desde muy joven, fue proclive a la magia importante durante la Edad Media. Se sentía atraído por Simón el mago, “padre de los gnósticos”. La alquimia y el ocultismo los consideraron un espíritu independiente, fortalecido por su adhesión al esoterismo y al hermetismo de Hermes Trimegisto.
Las Demonologías de Juan Wier y Juan Bodin, ponen de relieve el aspectos diabólicos de Fausto, especialmente en lo que se relaciona con el pacto (se dice que Satanás acudió al llamado de Fausto en forma de Mefistófeles), definido por Bergier en su libro Diccionario Teológico, como el convenio expreso o tácito establecido con el demonio, que se realiza con el propósito de obtener, mediante su eficacia, cosas y hechos superiores al poder de las fuerza naturales. El pacto fáustico tiene parecido a los realizados durante la edad pagana. Tal pacto viene del luciferismo de determinadas sectas, de Heliodoro el Mago o de Simón el Mago. Ahora bien, Fausto debía conocer el Gran Grimorium y elGrimorium verum, libros manipulados ya en el siglo XV, donde se expresan los modos de establecer pactos con el Diablo. En la primera parte del Gran Grimorium, se detalla el rito de evocación de Lucifer Rofocal, lugarteniente de Satanás; aquí encontramos la descripción de las diversas fases de preparación y de la ceremonia; inclusive, se detalla la formulación del Círculo Protector, así como cada paso del procedimiento para configurarlo. En cuanto al Grimorium Verum hay en éste riqueza de detalles referente a fórmulas evocaciones infernales, signos diabólicos y figuras cabalísticas para lograr tratos con el demonio. En realidad los pactos de Fausto con entidades infernales tienen que ver con los pactos que hacen Hércules, Odiseo, Teseo, Orfeo para bajar a las regiones del Hades. Tal pacto, para los alquimistas, rememora el descenso del Sol durante el equinoccio de otoño; es decir, se experimenta una muerte temporal, pues se desciende a las regiones del submundo. De igual manera allí están simbolizados los viajes esotéricos de Baco, Aklepios bajando al averno para ascender al tercer día, como posteriormente lo hizo Jesucristo.
Ahora bien, según tales pactos, las pautas a seguir en la Edad Media eran las siguientes:
1.     Renegar de Dios y de todo el ejército celestial.
2.     Ser enemigo de todos los hombres.
3.     No prestar oído a las discusiones de los clérigos y de las personas de la Iglesia, y hacerles todo el mal posible.
4.     No frecuentar las iglesias ni visitarlas, y no acercarse al sacramento.
5.     Odiar el matrimonio y no comprometerse con sus ataduras, bajo ningún pretexto.
Por otra parte, el pacto se sella con sangre. Ello significa que el pacto es un acto solemne, revestido de garantías.El elemento mágico esencial es la sangre con la que se firma el acuerdo. La sangre expresa la quintaesencia de la personalidad del hombre. San Agustín dice que el firmante es un apóstata que pierde su salvación para ganar poder sobrehumano; adquiere poderío junto con el esplendor de la belleza y de la juventud para conquistar a la mujer. Se busca el supremo goce, el edén. Rudolf Steiner, en El significado oculto de la sangre explica que “el mal es un enemigo de la sangre, y como es ésta la que sostiene y preserva la vida, el mal, que es enemigo de la raza humana, debe ser, por consiguiente, enemigo de la sangre”.
Las misteriosas circunstancias de la muerte de Fausto (tras jactarse de haber vendido su alma al diablo) confirmaron su notoriedad. En sus pactos con las fuerzas oscuras, Satanás (Mefistófeles), acudía con aspecto de monje franciscano o vestido a la moda del tiempo (por exigencias del mismo Fausto). Tal personaje puede prescindir de todo lo regular humano para hacer regresar espíritus, e incluso hacer que los muertos obedezcan. En el pacto fáustico el personaje experimenta una muerte temporal, desciende a las regiones infernales donde firma acuerdos con su sangre, elemento mágico.
Martín Lutero atribuyó a Fausto poderes diabólicos; para muchos no fue más que un charlatán y un embaucador. Otros sostienen que gozó del mecenazgo del arzobispo de Colonia a partir de 1532, y que murió siendo un hombre respetado. En todo caso, durante el siglo XVI se convirtió en protagonista de cuentos populares y aventuras maravillosas publicadas en Frankfurt por el librero Johann Spiesz bajo el título de Historia de Fausten (más conocido como el Fausto de Spiesz, 1587). De este modo, el pacto de Fausto con el diablo entró para siempre en la mitología popular. En la versión de Spiesz, Fausto compra juventud, sabiduría y poderes mágicos a cambio de su alma inmortal, y el demonio se compromete a servirle durante veinticuatro años.
El Fausto de Spiesz o Volksbuch (libro popular) tuvo acogida, aunque no se destacó por su calidad literaria. De todas maneras es la primera manifestación literaria del mito fáustico. En ella se narra cómo Johann Fausten, teólogo y practicante de magia negra, invoca al Diablo para tratar de someterlo a sus órdenes. Por medio del pacto, Mefistófeles, demonio súbdito del Diablo, accede a obedecer y dar información de todo aquello que intrigue a Fausto durante veinticuatro años, al final de los cuales el alma de Fausto será propiedad del Diablo. Durante esos años, Fausto oscila entre los excesos mundanos y el arrepentimiento; sin embargo, el Diablo nunca le permite llegar al arrepentimiento completo, amenazándolo y atemorizándolo, por lo que, pasados los veinticuatro años Fausto muere de una manera violenta y es llevado al Infierno. Uno de los rasgos de esta obra es el tono moralizador. Se publicó con un “Prólogo al lector cristiano” con abundantes citas bíblicas y amonestaciones a las andanzas de Fausto; todo ello evidencia la necesidad de justificar la publicación de una obra que trata temas de la moral de la época.
Una de las primeras versiones literarias del mito la ofrece Chritopher Marlowe (1564-1593), con su tragedia La trágica historia del doctor Fausto, hacia 1588, cuatro años después de la versión de Spiesz, donde sigue fielmente el mito de Spiesz. En ella, Fausto pasa de orgulloso buscador del poder divino a penitente desesperado; su arrepentimiento llega demasiado tarde para librarse del infierno. La historia de Marlowe comparte con la versión anterior, varios aspectos morales medievales: su aspecto general de obra edificante y las alegorías sobre la muerte, el juicio final y el infierno; la presencia de los siete pecados capitales; no obstante lo anterior, la obra de Marlowe posee un marcado sabor renacentista, en el sentido del uso de elementos del teatro clásico, como el coro, además de la profundidad sicológica al retratar a su protagonista; de modo que tenemos un personaje humanista y renacentista.
El dramaturgo y crítico alemán, Gotthold Lessing, exploró por primera vez la posibilidad de redimir a Fausto, en lugar de condenarlo. En el semanario Briefe, die neueste Literatur betreffend (Cartas sobre la literatura más reciente), editado por su amigo C.F. Nicolai, publica una escena de su fragmentaria obra dramática para ilustrar cómo Fausto podría salvarse si Dios reconociera su sincero afán de arrepentimiento. Esta idea sirvió de base al Fausto de Goethe (parte I, 1808; parte II, 1832), una obra de enorme repercusión que nos describe a Fausto como un filósofo racionalista dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su alma, por ampliar el conocimiento humano, y que obtiene el perdón de Dios por la nobleza de sus intenciones.La tragedia de Fausto de Goethe es el resultado de una época en la cual los humanos han llegado a confiar en el poder omnímodo de la ciencia. Se creía que por medio de la ciencia se habría de conocer todas las leyes de la naturaleza, se podría dominar las fuerzas de la naturaleza, descubrir y servirse de todas las reglas que rigen el mundo y la creación.
Al margen de estas obras, el mito de Fausto ha sido objeto de numerosas versiones literarias, musicales, cine. Mencionemos algunas: Carles Baudelaire, “Chatiment De L’Orguiel”; Ivan Turgéniev,Fausto (1855); Luis Velez de Guevara, El diablo cojuelo; Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray(1891); Mikhail Bulgakov, El Maestro y Margarita (1929-40); Gaston Leroux, El fantasma de la ópera(1909-10).En música tenemos: Hector Berlioz, La Damnatin de Faust (1846); Ludwing van Beethoven, Opus 75 No 3 (1809); Richard Wagner, Overtura de Fausto (1840); Gustav Mahler, la segunda parte de la Sinfonía No. 8 (1906-07), entre otros.

En este apartado hablaremos del mito de Fausto desde los siguientes autores: Christopher Marlowe,La tragedia histórica del doctor Fausto[1]; J. W. Goethe, Fausto[2]; Lord Bayron, Manfred[3]; Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray[4]; Thomas Mann, Doktor Fausto[5]; Max Beerbohm, “Enoch Soames”[6] y Carlos Fuentes, El instinto de Inés (2005)[7].

Bibliografía:
Anónimo (1988), Los grimorios de evocación diabólica. Madrid: Edaf.
Anónimo (1949), Diccionario de ciencias ocultas. Buenos Aires: Editorial Kaymi.
Lévi, Eliphas (1922), Historia de la magia. Madrid: Biblioteca del Más Allá.
Mariel, Pierre (1976), Paracelso o el tormento del saber. Madrid: Edaf.
Ribadeau Dumas, Francoice (1973), Historia de la magia. Barcelona: Plaza & Janés Editores.
Steiner, Rudlf (1994), El significado oculto de la sangre. Buenos Aires: Editorial Kier.
Urbano, Rafael (1922), El diablo. Su vida y su poder. Madrid: Biblioteca del Más Allá.


[1] Marlowe, Christopher (1983), La trágica historia del doctor Fausto, en Tragedias, Bogotá: Editorial Oveja Negra, Ltda., pp. 139 – 189.
[2] Goethe, Johan Wolfgang (1963), Fausto en Obras Completas, tomo III. Madrid: Aguilar.
[3] Lord Bayron (1957), Manfred. En Obras escogidas. Buenos Aires: El Ateneo
[4] Wilde, Oscar (1970), El retrato de Dorian Gray, en Obras Completas. Madrid: Aguilar, S.A.
[5] Mann, Thomas (1985), Doctor Fausto, Bogotá: Editorial Oveja Negra
[6]Beerbohm, Max (1976), “Enoch Soames”, en Jorge Luis Borges. Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, Antología de la literatura fantástica. Buenos Aires: Editorial Suramericana, pp. 26 – 55.
[7]Fuentes, Carlos (2005), El instinto de Inés. Madrid: Alfaguara


J.R.G.










Película Fausto de Frederik Murnau. Expresionismo Alemán. 1926. Adaptación del libro de Goethe.


Enoch Soames. Este maravilloso relato, escrito por Max Beerbohm, contiene de manera particular el mitema del fausto, referente al pacto con el demonio. Es considerado uno de los mejores relatos de la historia. Muy recomendado. 




La Damnation Of Faust. Alrededor de esta pieza musical gira la obra Instinto De Inez del mexicano Carlos Fuentes. 


Doctor Fausto. De Marlowe 1589. Es una puesta en escena de la leyenda medieval cristiana en la que un hombre vende su alma al diablo. Es por tanto, uno de los primeros escritos que aborda el tema. 



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