jueves, 12 de abril de 2012

UN MITO, UN SÍMBOLO[1]


 
“Los mitologemas, las figuras divinas, los símbolos religiosos no pueden resolverse a la manera de los problemas; cabe solo remitirlos a ideas, a arquetipos, a figuras primigenias, o como los queramos llamar”, cita Paolo Santar Cangeli a Romano Guardini, citado por Kerenyi (Labyrinth-Studien).
En el caso que nos ocupa, Teseo, el Minotauro y el Laberinto, tenemos un símbolo y el mito que lo circunda es Teseo.
El laberinto, con sus vueltas tortuosas, sus meandros sin vía de salida, representa, quizá, el reino de la muerte, es como si tratase de inculcar en la memoria de los hombres el peligro del tránsito al otro plano. “Es preciso derrotar a los centinelas del umbral”. Es preciso cuidarse de aprender el camino. “la iniciación es, pues, una repetición de la muerte y de los peligros del más allá”, dirá Jean Sercier enL’home et l’invisible, citado por Santar Cangeli.
El laberinto lo encontramos en la civilización minoica y en la Edad Media. En la civilización romana y en el siglo XVIII, en apariencia, pierde terreno, es desacralizado. Sin embargo, sabemos que hoy mantiene constancia. El hombre aún no ha terminado, según C. G. Jung, de perseguir fantasías o imaginaciones sobre la base de “figuras”, de cosas, de personas; de perseguir por vía extra-lógica, es decir, como puntos de fe, pues parecieran estar grabados en nuestra sicología como algo atávico y autónomo, explicaciones a momentos fundamentales de su historia.
El laberinto, como proceso de iniciación, envuelto en concomitancias emotivas se presenta en todas las culturas, de ahí que, trazar este signo se considera un acto mágico o sagrado, entre lo tremendo y lo sublime. El laberinto, entonces, ha tenido y tiene un enlace con el recorrido iniciático, al objeto de llegar al santuario a través de sucesivas pruebas. El símbolo crea, entonces, un concepto y lo representa. La larga vuelta conduce al centro; el camino más largo lleva a la perfección.
El laberinto es doble: sus pasillos sinuosos evocan las torturas del infierno, pero también es el lugar donde se producirá la iluminación. Doble en el sentido de la iluminación y de lo tortuoso.
W.F.J. Knight (Cumaen Gates. A Reference of the Aeneid to the Imitation Pattern) observa: “El laberinto tiene una doble razón de ser, en el sentido de que permite o prohíbe, según los casos, la entrada a un lugar no accesible a cualquiera: sólo aquellos que estén ‘cualificados’ podrán recorrerlo por entero, mientras que a los demás se les impedirá entrar o se perderán en el camino!”, citado por Paolo Santar. La idea que se aprecia aquí es la de “selección”; por ello, en este sentido, hablamos de una representación de las pruebas iniciáticas.
En el símbolo del laberinto, entonces, encontramos el medio de acceso a determinados santuarios, dispuestos de manera que ritos correspondientes se cumplan en el mismo recorrido. En el laberinto, igualmente, se hace presente, la idea de “viaje”, por la forma en la que éste (el viaje) se asimila a las mismas pruebas. Lo que nos dice, en últimas, que el laberinto como viaje, es un proceso insoslayable de la metamorfosis de la que surge un hombre nuevo. Cuanto más difícil es el viaje, más numerosos y arduos son los obstáculos, más se afirma la adquisición de un nuevo yo. Esta conjunción arquitectónica: una cerrada, pesimista, maléfica: la maraña. Otra, abierta, optimista, generosa: la espiral, hacen del laberinto el lugar para construir un yo firme, autónomo; el viajero, al penetrarlas, desea alcanzar la sala central, la cripta de los misterios. Una vez llega a ella el viajero debe salir, volver al mundo exterior, o sea, pasar a un nuevo nacimiento. De aquí la noción de arquetipo, de fundamento al mundo de la naturaleza y del hombre.
Estos aspectos místicos y simbólicos se alimentan de los siguientes mitemas: el sueño angustioso, el camino impedido, la peregrinación del alma, el iter perfectionis a través de la muerte y el renacimiento, la caverna y la imagen de las entrañas; la figura del Centinela del Umbral; la simbología del centro; los aspectos laberínticos de las danzas y de los juegos; los compuestos míticos de la Tierra y el Toro, etc., son elementos o mitemas mezclados con el símbolo del laberinto.
La Tierra y el Toro
Tomemos estos dos elementos en razón del espacio que nos ocupa: Teseo y el Minotauro.
El concepto de caverna nos surge inmediatamente cuando hablamos de tierra, la tierra cubre las cavernas y el mundo de abajo, que es el lado “lunar” o subterráneo del alma humana, el misterio de las Madres, de la muerte y el renacimiento. El descenso a los infiernos que constituye siempre un retorno (lo vemos en el “Manuscrito hallado en un bolsillo” de Cortázar) al seno de la Tierra Madre y a todo cuanto de ella depende.
Un elemento esencial del compuesto mítico del laberinto en su relación con la Tierra es el Toro y su derivado semi-humano; el Minotauro, hijo de la Tierra. “Expresión de fuerzas cthónicas, acogedoras, pasivas y –por esa polaridad sexual…-, símbolo, al mismo tiempo, del principio activo, productor de simiente, el toro ha sido animal sagrado en todas las culturas que domesticaron los bovinos. Recordemos el toro Apis de los egipcios y el papel destacado que juega en la mitología y en la iconografía-babilónica. “En los toros se deleita el Agitador de Tierras”, dice Homero.
En Creta el Toro ocupa el centro de los ritos de sacrificio, como elemento masculino y a la vez víctima de la fertilidad. Es el sujeto-objeto de las caserías de los juegos, su sangre es la sangre del sacrificio, su cabeza y sus cuernos instrumentos sagrados de su muerte y símbolos típicos de los sagrarios cretenses.
 En el mito de Teseo y el símbolo del laberinto, téngase en cuenta que el sacrificio del toro se celebra en las cavernas.
En la fantasía mito-poética de los griegos se dan seres compuestos: a media hombres y a media dioses, a media animales y a media hombres. Cada uno de esos seres es la proyección de una situación sicológica: exultación, temor, angustia, etc. Entre esas criaturas compuestas, la fusión del hombre con el toro, que dio lugar al Minotauro, es una de las más geniales, haberlo colocado en el centro del laberinto, del camino de muerte y regeneración, al fondo de la maraña de las entrañas de la Tierra.
Aquí el minotauro no es solo emblema o símbolo de masculinidad, sino que es presentado también como víctima de la hybris[2] que se apodera de Minos, el gran rey, el hombre poderoso, despojándolo de la virtud merced a la cual había sido honrado en toda la tierra: la Justicia; convirtiéndolo, también en transmisor de la venganza del elemento oceánico Posidón, Agitador de Tierras.
“Así, la estructura simbólica del monstruo se completa: queda convertido en símbolo de lo ‘otro’, en nuestro lado de sombra, de la bestialidad que hay en nosotros, en el anti-Teseo; y con ello en ser de la oscuridad que debe perecer para que el hombre viva, liberándose a sí mismo del tributo infamante que debía pagar a las tinieblas.
“Es fácil descubrir el sentido de esa lucha en las tinieblas, por cuanto la misma termina con la victoria del hombre superior, el héroe –y no olvidemos que en el lenguaje de los misterios se ha llamado héroe al adepto, al iniciado, a aquel que, precisamente gracias al proceso de la iniciación consigue el derecho a la vida eterna- con la victoria, por lo tanto sobre la hybris, donde el híbrido compuesto de hombre y de bestia representa todo el lado animal que el hombre debe aniquilar en sí para alcanzar la sabiduría, el conocimiento y, en una palabra, la bienaventuranza del héroe ‘victoria, pues, del espíritu sobre la materia y, al mismo tiempo, de lo eterno sobre lo perecedero, de la inteligencia sobre el instinto, del saber sobre la ciega violencia. La victoria de Teseo sobre sí mismo, el bautizo del hombre nuevo en la sangre del Toro-hombre’ (M Brion, op. Cit., p201)”, citado por Paolo.


[1] Me baso en Paolo Santar Cangeli, El libro de los laberintos. Historia de un mito y un símbolo. Capítulo VIII. Madrid: Ediciones Siruela, 2002.
[2] En el mundo griego significa “desmesura”. En el mundo de hoy orgullo o confianza exagerados.


                                                                                                                                                   J.R.G.

HIMNO HOMÉRICO A DEMÉTER


Deméter 
Por ti Deméter augusta, la de hermosa cabellera entonamos este himno, y Perséfone tu hija a la que Hades robó, con el permiso de Zeus, cuando en aquella ocasión, alejada de su madre mientras alegre jugaba con las hijas de Océano al par que cogía flores: azafrán, violetas, rosas, gladiolos,  jacintos y narcisos delicados que la tierra hizo brotar para halagar a los dioses. Pero una brecha se abrió en la llanura de Nisa, y allí surgió el Soberano con sus yeguas inmortales el que fuera hijo de Crono y que tiene tantos nombres, y aunque puso resistencia, de ella se apoderó, terribles fueron sus gritos que suplicaban a Zeus, más ninguno de los dioses ni de los hombres mortales ni siquiera los olivos se apiadaron de su voz. Sólo la hija de Perses, la escuchó desde su cueva. Hécate la hechicera , y el Sol que todo lo ve mientras aquella gritaba pidiendo ayuda a su padre, mas aquél se hallaba ausente, alejado de los dioses, recibiendo las ofrendas que los hombres le ofrecían. Y así su tío paterno que recibe muchos nombres se la llevó por la fuerza, según voluntad de Zeus. Mientras la Diosa se vio con los pies sobre la Tierra. Aún mantuvo la esperanza a pesar de los pesares. Pero al entrar bajo tierra, lanzó un grito de terror que resonó por los montes y los abismos del mar, cuando su madre lo oyó se encogió su corazón, se desgarró su vestido y se mesó los cabellos, y un negro velo de luto se puso sobre los hombros como un ave de presa la buscó por todas partes y la Diosa venerable vagó errante nueve días y presa de su dolor ya no probó la ambrosía, que es el néctar de los Dioses, ni volvió a lavar su cuerpo.


Más a la décima aurora con Hécate se encontró con una antorcha en la mano y así le dijo a la Diosa:

(Hécate):
“Soberana Deméter la de espléndidos dones ¿quién de todos los Dioses o todos los mortales te ha quitado a Perséfone y ha afligido tu ánimo? yo pude escuchar su voz mas no vi quién la robó” y las dos marcharon juntas con teas encendidas y llegaron hasta el Sol y ella le preguntó:

(Deméter):
“Sol que todo lo alumbras, ayúdame al menos tú, si alguna vez, de algún modo, fui grata a tu corazón, la hija a la que parí, mi más querido tesoro, escuché su agudo grito, que resonó por el cielo como quien sufre una afrenta, mas no pude ver quién era. Tú que todo lo contemplas en la Tierra y en el Mar dime si has visto a mi hija y quién me la ha arrebatado”. Así habló la de Rea y el Sol así le indicó:

(Sol):
“Hija de Rea, de hermosa cabellera, soberana Deméter, en seguida lo sabrás pues grande es el respeto que siento por tu persona y también la compasión por lo que he ha pasado. Ningún otro es el culpable sino el mismísimo Zeus que con Hades hizo un pacto para entregarle a tu hija y que así fuera su esposa: y él se la ha llevado al mundo de las tinieblas. A pesar de sus gritos, en su carro sombrío. Así que tú, Diosa, procura dejar tu llanto y no le guardes rencor…. Que No es un indigno yerno el soberano de tantos, que es de tu misma semilla y sabes bien dónde vive y qué lote le tocó cuando se hizo el reparto entre los tres hermanos…


(Coro)
Tras decir estas palabras se marchó el Sol en su carro. Un dolor mucho más cruel se apoderó de la Diosa. Y vagó entre los mortales alejada del Olimpo. Así llegó cierto día hasta la tierra de Eleusis donde gobierna Celeo, que es el rey de esta ciudad. Y a la vera del camino se sentó junto a un olivo muy cerca de un pozo donde sacaban agua los hombres.

Y tomando la apariencia de una anciana venerable se la encontraron las hijas del soberano Celeo. Y de este modo le hablaron las cuatro hijas del rey: ‘Dinos, anciana, quién eres y desde dónde has venido tan lejos de la ciudad o de alguna casa amiga’…Así le hablaron las cuatro y ella así les respondió:
(Deméter)
‘Os saludo, hijas queridas, quienes quiera que seáis, Dós es mi nombre de pila, el que mi madre me puso. Y yo he venido desde Creta, tras el ancho mar, después de que unos piratas me cogieran por la fuerza, pero al fin pude escaparme y aquí llegué vagabunda. Que los dioses os concedan buenos esposos e hijos. Pero tened compasión de mí, que soy una anciana. Y decidme si sabéis de una casa dispuesta s darme techo y sustento a cambio de mis servicios’.


(Coro)
Así les habló la diosa y la más alta le dijo: ‘Anciana venerable, bien sabes que nosotras debemos soportar lo que quieren los dioses, puedo darte los nombres de algunos muy poderosos que a gusto te acogerían al ver tu aspecto de Diosa. Pero aguárdate primero a que vayamos a casa y hablemos con nuestra madre para pedir su opinión’. Así dijo y sin más tregua regresaron las hermanas con sus cántaros de vuelta. Y de acuerdo con su madre, volvieron junto a la Diosa, para invitarla a su casa, y allí mismo la encontraron donde la habían dejado, cuando la diosa llegó a la casa de Celeo, allí en el pórtico estaba una madre con un niño y, al entrar en el umbral, la Diosa se iluminó. Cuando la vio Metanira de esta manera le habló.

(Metanira)
‘Yo te saludo, mujer, que tienes tan noble porte en tu mirada, se ve que eres de sangre real, ¿puedes criarme este niño que me ha llegado tardío? Si tú consigues criarlo y que llegue a ser un mozo, serás la envidia de muchos que verán tu recompensa’.


 (Deméter)
También te saludo yo como a ti te corresponde. Y ten por seguro que yo me encargaré de tu hijo que crecerá sano y fuerte y nada le faltará.


(Coro)
Así criaba la Diosa al hijo de Metanira. Y crecía como un Dios de ambrosía amamantado. Y por la noche dormía entre tizones oculto.

Mas una vez Metanira descubrió lo que pasaba. Cuando Deméter lo supo así le habló a Metanira:


(Deméter)
 ‘Hombres que sois ignorantes de lo bueno y de lo malo. Tú por tu propia ignorancia, te has buscado la desgracia, pues iba a hacer a tu hijo inmortal como los dioses, mas ya no puede escapar a la muerte ni al destino. Yo soy la diosa Deméter, la que ofrece las cosechas, y dispongo que en mi honor se me levante un gran templo y un altar dentro de él al pie de la ciudadela pues de ahora en adelante me rendiréis pleitesía’.


(Coro)
Y al decir estas palabras mudó de aspecto la diosa, se quitó la vejez y volvió a ser hermosa. Una luz cegadora de su cuerpo salía. Quedó muda Metanira sin acordarse del niño que lloraba en el suelo sin que nadie lo oyera. Y las mujeres trataban de apaciguar a la diosa durante toda la noche hasta despuntar el alba. Por fin ordenó Celeo que construyeran un templo y un altar en su interior como la diosa quería. Y hasta que no lo acabaron ningún hombre descansó allí.

La diosa Deméter, alejada de los dioses, permanecía muy triste, apenada por su hija. Y aquel año provocó que fuera el más espantoso que los hombres conocieran sobre la tierra fecunda. Pues en ninguna región medraba semilla alguna que Deméter se encargaba de mantenerlas ocultas. En vano curvos arados se hincaban sobre la tierra. Y toda la raza humana habría muerto de hambre. Y no habría más ofrendas a los Dioses inmortales, si Zeus, que todo lo ve, no se hubiera dado cuenta. Pero fue enviada Iris a convencer a Deméter, la de hermosa cabellera, por orden del mismo Zeus llegó hasta Eleusis la diosa y en su templo la encontró, con una túnica oscura y de este modo le habló:


(Iris)
‘Deméter, escúchame, que es el mismísimo Zeus el que te ordena volver con los dioses sempiternos. Vuélvete pues con los tuyos y obedece sus mandatos.’


(Coro)
Así le habló suplicante mas no convenció a la Diosa. Pasó un día y luego otro y la Diosa no cedió. Por eso Zeus mandó a Hermes que fuera al Hades y que trajera a Perséfone a los brazos de su madre. Al punto Hermes partió y se encontró al soberano en sus oscuras moradas, junto a su esposa muy triste. El asesino de Argos de este modo así le habló:

(Hermes)
‘Hades de oscuro cabello, soberano de los muertos, el padre Zeus te ordena que dejes libre a Perséfone y que vuelva con su madre para que cese su odio, pues ya tiene planeado aniquilar a los hombres y ha ocultado la semilla, para que no hagan ofrendas y alejada del Olimpo alimenta su rencor y sentada permanece junto a su templo de Eleusis.


(Coro)
Así habló el Argicida y escuchó sus palabras el señor de los muertos, que a Perséfone dijo:


(Hades)
‘Debes volver con tu madre y que te vea contenta. Yo seré un esposo digno, pues soy hermano de Zeus y mientras estés conmigo serás reina soberana…


(Coro)
 Al escuchar sus palabras, Perséfone se alegró. Pero antes de partir tomó un grano de granada que es dulce como la miel y que Hades le ofreció, porque sabía que así tendría que regresar. Cuando Hermes la condujo hasta el templo de Deméter se abrazaron madre e hija con una inmensa alegría. Más negro presentimiento tuvo la diosa Deméter:


(Deméter)
‘Escúchame hija querida, tan sólo dime una cosa. ¿No habrás probado bocado mientras estabas abajo? Porque si aún no lo has hecho podrás vivir con nosotros, pero si algo comiste, tendrás que volver allí, pasarás los inviernos en la tierra profunda y al llegar el calor y la tierra esté verde
Con nosotros vendrás a reunirte de nuevo’.


(Perséfone)
Quiero contártelo todo en verdad y sin engaños. Cuando Hermes me salvó yo di un salto de alegría, pero entonces sin querer probé de aquella granada.


(Coro)
Zeus al fin envió a Rea con un mensaje para traer a Deméter junto al resto de los dioses, y prometió concederle los honores que quisiera. También vio con buenos ojos que la muchacha estuviera una parte entre tinieblas y dos partes con su madre. A cambio, Zeus le pedía que cesara en su rencor e hiciera crecer el fruto que da la vida a los hombres. Al oír esto Deméter serenó su corazón e hizo brotar el fruto en los campos de labranza, y la tierra, antes estéril, se convirtió en un jardín. Desde entonces en Eleusis, en honor de la diosa se celebran los misterios que no se pueden contar. ¡Felices aquellos hombres que los hayan conocido.

jueves, 5 de abril de 2012

Fausto

El mito de Fausto
La modernidad entendió el mito en sentido peyorativo: “ilusión”, “historia ficticia”, “mentira”, elemento sobrenatural que no cabe dentro de lo real. Había necesidad de racionalizarlo todo, por tanto, todo lo que no cayera dentro de esta esfera, carecía de validez. Sin embargo, hoy sabemos que el mito se caracteriza por formar parte de la vida real, especialmente de los hombres arcaicos que lo viven no desde fuera, en forma abstracta, sino que lo viven penetrándose de su atmósfera sobrehumana que hace girar la existencia conforme a los preceptos que crean y giran en torno al mito.
En este sentido, conocer el mito, significa conocer la creación, el origen de las cosas; entender este origen permite el control sobre eso conocido y significado, así mismo encarna el acceso a vivir dominando la potencia sagrada, manteniéndola, respetándola como modelo. Ello significa que el hombre vive el mito, vive con el mito y de acuerdo con él. Tal realidad sobrenatural y su reactualización, a través del rito, forman parte de su realidad, sobrepasando, incluso su entorno para convertirse en modelo a seguir. De igual manera como los Seres Sobrenaturales actuaron, así el hombre deberá ser y vivir; de este modo pasará de una realidad cotidiana a aquella en la que el tiempo no cambia convirtiéndose en presente, presente eterno, tiempo sagrado, como parte de lo que está en el origen, en la causa que ha dado cabida al hombre al mundo, al cosmos.
En lo que viene a continuación, vamos a adentrarnos en otro aspecto del mito, su necesidad de apropiarse de las fuerzas últimas de la naturaleza, pero, en este caso a través de las potencialidades de la racionalidad y; al mismo tiempo, descubrir que esas potencialidades no bastan por sí solas para habilitar al hombre en concordancia con las reglas divinas, con las reglas morales, con los imperativos de los impulsos espirituales, por lo que se ve abocado a llamar a las fuerzas oscuras de esa misma naturaleza, esa parte que viene a ser el desorden; pero, en este caso, desorden creador.

El mito de Fausto
Fausto fue un mago que hizo un pacto con el diablo para obtener sabiduría y amor. El inspirador parece haber sido Johann Faust o Johannes Fausto, de quien se cree nació en Württemberg, entre 1480 y 1540, en Alemania; se le denominó “príncipe de los nigromantes”. Se le atribuyeronpoderes diabólicos tras haber realizado numerosos pactos con Satanás. De él se dijo que andaba con perros que eran demonios. Se hizo llamar Georgius Sabellicus Faustus Junior. Además se sabe que fue un universitario y se ganó la vida con la enseñanza, los conjuros y la buenaventura. A medida que viajaba de ciudad en ciudad, su fama aumentaba y se extendía. Tal personaje, al parecer, fue contemporáneo y amigo de los alquimistas Cornelio Agrippa y de Teofrasato, Paracelso. Johannes Fausto, desde muy joven, fue proclive a la magia importante durante la Edad Media. Se sentía atraído por Simón el mago, “padre de los gnósticos”. La alquimia y el ocultismo los consideraron un espíritu independiente, fortalecido por su adhesión al esoterismo y al hermetismo de Hermes Trimegisto.
Las Demonologías de Juan Wier y Juan Bodin, ponen de relieve el aspectos diabólicos de Fausto, especialmente en lo que se relaciona con el pacto (se dice que Satanás acudió al llamado de Fausto en forma de Mefistófeles), definido por Bergier en su libro Diccionario Teológico, como el convenio expreso o tácito establecido con el demonio, que se realiza con el propósito de obtener, mediante su eficacia, cosas y hechos superiores al poder de las fuerza naturales. El pacto fáustico tiene parecido a los realizados durante la edad pagana. Tal pacto viene del luciferismo de determinadas sectas, de Heliodoro el Mago o de Simón el Mago. Ahora bien, Fausto debía conocer el Gran Grimorium y elGrimorium verum, libros manipulados ya en el siglo XV, donde se expresan los modos de establecer pactos con el Diablo. En la primera parte del Gran Grimorium, se detalla el rito de evocación de Lucifer Rofocal, lugarteniente de Satanás; aquí encontramos la descripción de las diversas fases de preparación y de la ceremonia; inclusive, se detalla la formulación del Círculo Protector, así como cada paso del procedimiento para configurarlo. En cuanto al Grimorium Verum hay en éste riqueza de detalles referente a fórmulas evocaciones infernales, signos diabólicos y figuras cabalísticas para lograr tratos con el demonio. En realidad los pactos de Fausto con entidades infernales tienen que ver con los pactos que hacen Hércules, Odiseo, Teseo, Orfeo para bajar a las regiones del Hades. Tal pacto, para los alquimistas, rememora el descenso del Sol durante el equinoccio de otoño; es decir, se experimenta una muerte temporal, pues se desciende a las regiones del submundo. De igual manera allí están simbolizados los viajes esotéricos de Baco, Aklepios bajando al averno para ascender al tercer día, como posteriormente lo hizo Jesucristo.
Ahora bien, según tales pactos, las pautas a seguir en la Edad Media eran las siguientes:
1.     Renegar de Dios y de todo el ejército celestial.
2.     Ser enemigo de todos los hombres.
3.     No prestar oído a las discusiones de los clérigos y de las personas de la Iglesia, y hacerles todo el mal posible.
4.     No frecuentar las iglesias ni visitarlas, y no acercarse al sacramento.
5.     Odiar el matrimonio y no comprometerse con sus ataduras, bajo ningún pretexto.
Por otra parte, el pacto se sella con sangre. Ello significa que el pacto es un acto solemne, revestido de garantías.El elemento mágico esencial es la sangre con la que se firma el acuerdo. La sangre expresa la quintaesencia de la personalidad del hombre. San Agustín dice que el firmante es un apóstata que pierde su salvación para ganar poder sobrehumano; adquiere poderío junto con el esplendor de la belleza y de la juventud para conquistar a la mujer. Se busca el supremo goce, el edén. Rudolf Steiner, en El significado oculto de la sangre explica que “el mal es un enemigo de la sangre, y como es ésta la que sostiene y preserva la vida, el mal, que es enemigo de la raza humana, debe ser, por consiguiente, enemigo de la sangre”.
Las misteriosas circunstancias de la muerte de Fausto (tras jactarse de haber vendido su alma al diablo) confirmaron su notoriedad. En sus pactos con las fuerzas oscuras, Satanás (Mefistófeles), acudía con aspecto de monje franciscano o vestido a la moda del tiempo (por exigencias del mismo Fausto). Tal personaje puede prescindir de todo lo regular humano para hacer regresar espíritus, e incluso hacer que los muertos obedezcan. En el pacto fáustico el personaje experimenta una muerte temporal, desciende a las regiones infernales donde firma acuerdos con su sangre, elemento mágico.
Martín Lutero atribuyó a Fausto poderes diabólicos; para muchos no fue más que un charlatán y un embaucador. Otros sostienen que gozó del mecenazgo del arzobispo de Colonia a partir de 1532, y que murió siendo un hombre respetado. En todo caso, durante el siglo XVI se convirtió en protagonista de cuentos populares y aventuras maravillosas publicadas en Frankfurt por el librero Johann Spiesz bajo el título de Historia de Fausten (más conocido como el Fausto de Spiesz, 1587). De este modo, el pacto de Fausto con el diablo entró para siempre en la mitología popular. En la versión de Spiesz, Fausto compra juventud, sabiduría y poderes mágicos a cambio de su alma inmortal, y el demonio se compromete a servirle durante veinticuatro años.
El Fausto de Spiesz o Volksbuch (libro popular) tuvo acogida, aunque no se destacó por su calidad literaria. De todas maneras es la primera manifestación literaria del mito fáustico. En ella se narra cómo Johann Fausten, teólogo y practicante de magia negra, invoca al Diablo para tratar de someterlo a sus órdenes. Por medio del pacto, Mefistófeles, demonio súbdito del Diablo, accede a obedecer y dar información de todo aquello que intrigue a Fausto durante veinticuatro años, al final de los cuales el alma de Fausto será propiedad del Diablo. Durante esos años, Fausto oscila entre los excesos mundanos y el arrepentimiento; sin embargo, el Diablo nunca le permite llegar al arrepentimiento completo, amenazándolo y atemorizándolo, por lo que, pasados los veinticuatro años Fausto muere de una manera violenta y es llevado al Infierno. Uno de los rasgos de esta obra es el tono moralizador. Se publicó con un “Prólogo al lector cristiano” con abundantes citas bíblicas y amonestaciones a las andanzas de Fausto; todo ello evidencia la necesidad de justificar la publicación de una obra que trata temas de la moral de la época.
Una de las primeras versiones literarias del mito la ofrece Chritopher Marlowe (1564-1593), con su tragedia La trágica historia del doctor Fausto, hacia 1588, cuatro años después de la versión de Spiesz, donde sigue fielmente el mito de Spiesz. En ella, Fausto pasa de orgulloso buscador del poder divino a penitente desesperado; su arrepentimiento llega demasiado tarde para librarse del infierno. La historia de Marlowe comparte con la versión anterior, varios aspectos morales medievales: su aspecto general de obra edificante y las alegorías sobre la muerte, el juicio final y el infierno; la presencia de los siete pecados capitales; no obstante lo anterior, la obra de Marlowe posee un marcado sabor renacentista, en el sentido del uso de elementos del teatro clásico, como el coro, además de la profundidad sicológica al retratar a su protagonista; de modo que tenemos un personaje humanista y renacentista.
El dramaturgo y crítico alemán, Gotthold Lessing, exploró por primera vez la posibilidad de redimir a Fausto, en lugar de condenarlo. En el semanario Briefe, die neueste Literatur betreffend (Cartas sobre la literatura más reciente), editado por su amigo C.F. Nicolai, publica una escena de su fragmentaria obra dramática para ilustrar cómo Fausto podría salvarse si Dios reconociera su sincero afán de arrepentimiento. Esta idea sirvió de base al Fausto de Goethe (parte I, 1808; parte II, 1832), una obra de enorme repercusión que nos describe a Fausto como un filósofo racionalista dispuesto a arriesgarlo todo, incluso su alma, por ampliar el conocimiento humano, y que obtiene el perdón de Dios por la nobleza de sus intenciones.La tragedia de Fausto de Goethe es el resultado de una época en la cual los humanos han llegado a confiar en el poder omnímodo de la ciencia. Se creía que por medio de la ciencia se habría de conocer todas las leyes de la naturaleza, se podría dominar las fuerzas de la naturaleza, descubrir y servirse de todas las reglas que rigen el mundo y la creación.
Al margen de estas obras, el mito de Fausto ha sido objeto de numerosas versiones literarias, musicales, cine. Mencionemos algunas: Carles Baudelaire, “Chatiment De L’Orguiel”; Ivan Turgéniev,Fausto (1855); Luis Velez de Guevara, El diablo cojuelo; Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray(1891); Mikhail Bulgakov, El Maestro y Margarita (1929-40); Gaston Leroux, El fantasma de la ópera(1909-10).En música tenemos: Hector Berlioz, La Damnatin de Faust (1846); Ludwing van Beethoven, Opus 75 No 3 (1809); Richard Wagner, Overtura de Fausto (1840); Gustav Mahler, la segunda parte de la Sinfonía No. 8 (1906-07), entre otros.

En este apartado hablaremos del mito de Fausto desde los siguientes autores: Christopher Marlowe,La tragedia histórica del doctor Fausto[1]; J. W. Goethe, Fausto[2]; Lord Bayron, Manfred[3]; Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray[4]; Thomas Mann, Doktor Fausto[5]; Max Beerbohm, “Enoch Soames”[6] y Carlos Fuentes, El instinto de Inés (2005)[7].

Bibliografía:
Anónimo (1988), Los grimorios de evocación diabólica. Madrid: Edaf.
Anónimo (1949), Diccionario de ciencias ocultas. Buenos Aires: Editorial Kaymi.
Lévi, Eliphas (1922), Historia de la magia. Madrid: Biblioteca del Más Allá.
Mariel, Pierre (1976), Paracelso o el tormento del saber. Madrid: Edaf.
Ribadeau Dumas, Francoice (1973), Historia de la magia. Barcelona: Plaza & Janés Editores.
Steiner, Rudlf (1994), El significado oculto de la sangre. Buenos Aires: Editorial Kier.
Urbano, Rafael (1922), El diablo. Su vida y su poder. Madrid: Biblioteca del Más Allá.


[1] Marlowe, Christopher (1983), La trágica historia del doctor Fausto, en Tragedias, Bogotá: Editorial Oveja Negra, Ltda., pp. 139 – 189.
[2] Goethe, Johan Wolfgang (1963), Fausto en Obras Completas, tomo III. Madrid: Aguilar.
[3] Lord Bayron (1957), Manfred. En Obras escogidas. Buenos Aires: El Ateneo
[4] Wilde, Oscar (1970), El retrato de Dorian Gray, en Obras Completas. Madrid: Aguilar, S.A.
[5] Mann, Thomas (1985), Doctor Fausto, Bogotá: Editorial Oveja Negra
[6]Beerbohm, Max (1976), “Enoch Soames”, en Jorge Luis Borges. Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, Antología de la literatura fantástica. Buenos Aires: Editorial Suramericana, pp. 26 – 55.
[7]Fuentes, Carlos (2005), El instinto de Inés. Madrid: Alfaguara


J.R.G.










Película Fausto de Frederik Murnau. Expresionismo Alemán. 1926. Adaptación del libro de Goethe.


Enoch Soames. Este maravilloso relato, escrito por Max Beerbohm, contiene de manera particular el mitema del fausto, referente al pacto con el demonio. Es considerado uno de los mejores relatos de la historia. Muy recomendado. 




La Damnation Of Faust. Alrededor de esta pieza musical gira la obra Instinto De Inez del mexicano Carlos Fuentes. 


Doctor Fausto. De Marlowe 1589. Es una puesta en escena de la leyenda medieval cristiana en la que un hombre vende su alma al diablo. Es por tanto, uno de los primeros escritos que aborda el tema.